Sobre estas líneas, un vídeo preparado por el PSOE sobre las cargas policiales en las protestas estudiantiles del pasado febrero en Valencia, elaborado con imágenes que en su momento fueron publicadas en los medios de comunicación e Internet. El vídeo sirve de respuesta al que el ministro del Interior utilizó de argumento, en su comparecencia ante la comisión de Interior del Congreso, para justificar la actuación policial y culpar de los incidentes a una “minoría antisistema, radical y violenta”.
Son dos versiones de una misma realidad. La del vídeo del PSOE muestra un comportamiento policial que fue calificado de desproporcionado y excesivamente violento por muchos medios y sectores sociales. La del vídeo del ministro —que sólo muestra escenas de insultos o incluso agresiones a los policías por parte de manifestantes y omite lo demás— replica la teoría que los medios afines al gobierno —algunos llegaron a decir auténticas barbaridades— y la propia policía vienen manteniendo desde la primera carga policial: los manifestantes no eran sólo inocentes estudiantes y fueron ellos, con su actitud violenta, quienes hicieron inevitable la respuesta policial.
Una teoría sesgada y peligrosa, que abre la puerta al exceso policial en el uso de la fuerza en casi cualquier situación, desde el momento en que un insulto sirve de justificación para ese exceso. Y que no puede resultar extraña esgrimida por la policía —el Jefe Superior de la Policía de Valencia llegó a calificar de “enemigos” a los estudiantes que se manifestaban— o por esa prensa reaccionaria donde todo vale y la mínima ética periodística brilla por su ausencia. Pero que en ningún caso puede sostener un ministro del gobierno de la nación, cuya primera obligación debiera ser gobernar para todos y hacerlo de manera justa y ecuánime.
Ya Fernández Díaz perdió una gran oportunidad cuando se produjeron las primeras cargas policiales, momento propicio para haber actuado como un verdadero ministro del Interior, ejerciendo su autoridad para reconducir la situación y evitar que empeorara. Pero no supo o no quiso. Como tampoco ha sabido o querido ahora, cuando aún estaba a tiempo de subsanar su error. Muy al contrario, sus argumentos y el innecesario vídeo, que sólo viene a demostrar el talante manipulador del ministro —y por extensión el del gobierno al que pertenece—, sólo pueden servir para aumentar la tensión social y propiciar futuros enfrentamientos entre la ciudadanía y su policía.
Porque no es previsible que las manifestaciones cesen, en esta época de crisis aguda y conflictividad social latente. Y con la policía respaldada en sus excesos, ¿qué espera el ministro que suceda? Con su beneplácito, casi cualquier manifestación, por pacífica que sea su convocatoria, podrá derivar en batalla campal, tensando cada vez más la relación de los ciudadanos con la policía y los gobernantes. ¿Es esto lo que desea el actual gobierno? Realmente parece una dinámica suicida por parte del ministro y su gobierno. A no ser que confíen en la fórmula del “palo y tentetieso” para mantener a raya a la ciudadanía disconforme. Algo que no sería ya suicida, sino sencillamente estúpido.
Como tanto insiste de forma cansina Rajoy últimamente, ya no estamos en el siglo XIX. No sería mala idea que, en lugar de aburrirnos con ese absurdo mensaje, procurara interiorizarlo y repetírselo como un mantra a sus ministros. Algunos, como el de Interior, parecen necesitarlo.
En el siglo XXI y en un país democrático como el nuestro, el máximo responsable del Ministerio del Interior no puede ser un ministro para la represión.



