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Soy un tonto y un imbécil

25 de Diciembre de 2006

Captura de OpinionJournal

Tonto porque escribo en un blog. Imbécil porque leo los blogs que escriben otros.

Eso es lo que se deduciría de la opinión que sobre los blogs despliega Joseph Gago en un artículo publicado en OpinionJournal, de The Wall Street Journal, que ya muestra su innecesario carácter ofensivo en el expresivo título, The Blog Mob, para rematar subtitulando con una cita atribuida a Joseph Conrad y que éste habría dirigido a los periódicos de su época: “written by fools to be read by imbeciles”.

Aunque a lo largo del desarrollo del artículo Gago dirige sus ataques a ciertos tipos de blogs en particular, no encuentra reparos en generalizar y referirse a los blogs y a los bloggers en su conjunto para dedicarles sus críticas:

“The blogs are not as significant as their self-endeared curators would like to think. Journalism requires journalists, who are at least fitfully confronting the digital age. The bloggers, for their part, produce minimal reportage. Instead, they ride along with the MSM like remora fish on the bellies of sharks, picking at the scraps.”

Resulta desconcertante que desde ciertos sectores del periodismo tradicional se utilicen a menudo parecidos argumentos para intentar desprestigiar, indistintamente, al periodismo ciudadano y a los blogs. O no saben muy bien de qué va ni lo uno ni lo otro, o es que esos argumentos sólo intentan, de manera premeditada, aportar cierta suerte de solidez intelectual a lo que sólo es una campaña de acoso y derribo contra la lógica evolución social que los avances tecnológicos posibilitan.

En realidad, un weblog, o blog en su forma abreviada, es sólo un formato de publicación de contenidos en Internet con unas características específicas. Entre ellas quizá la más identificativa sea la disposición de esos contenidos en orden cronológico inverso, esto es, ordenadas las entradas por fecha de publicación apareciendo en primer término las más recientes. Y sin duda las más destacables, por cuanto permiten a casi cualquier persona la publicación de información en Internet, el que ésta pueda ser editada muy fácilmente, sin que sean necesarios unos conocimientos especiales, y el que además esto pueda hacerse de manera gratuita si así se desea, gracias a una serie de compañías que ofrecen ese servicio.

Aparte de estas características y algunas otras, principalmente de orden técnico, nada han de tener obligatoriamente en común unos blogs y otros. Tanto lo son el de alguien que se dedica a difundir sus opiniones políticas o el corporativo de una empresa como el de quien lo usa para ir relatando sus peripecias vitales cotidianas o el de aquel otro que elige ese formato para ir difundiendo las recetas culinarias que su abuela le dejó por todo legado.

Realizar una crítica generalizada de todos los blogs cuestionando, por ejemplo, la calidad de sus contenidos, no sólo es algo ridículo -como, por otra parte, lo es cualquier generalización- sino que además revela el alto grado de ignorancia del crítico. O en su defecto, lo que es peor, su tendenciosidad, su consciente intento de manipular la realidad con el fin de obtener algún beneficio.

Si en algo sí coinciden la mayoría de los bloggers, las personas que publican un blog, es en haber hecho uso de su libertad para realizar esa tarea. Escriben de lo que mejor les parece, cuando les parece. Y con idéntica libertad habrá quien decida leer sus blogs o no hacerlo. A eso, y sólo a eso, se reduce el problema que algunos quieren engordar artificialmente buscando los objetivos que fueren. Entre los que, de forma voluntaria o inadvertidamente, parece que buscaran el que a los ciudadanos se les restrinja parte de esa libertad que tienen derecho a disfrutar.

Si algunas de las críticas e insinuaciones que Joseph Gago vierte en su artículo son sólo producto exclusivo de su ignorancia, aún le pierden las formas, esa ironía burda y grosera que roza el insulto. Si el ataque es planificado, intencionado, sólo cabe deducir que menosprecia la capacidad de discernimiento de sus lectores, que los toma por imbéciles. Y para eso, hoy en día y escribiendo para el medio que lo hace, hay que ser bastante tonto. Un tonto escribiendo para los que supone imbéciles.

No, si al final resultará que este hombre tiene espíritu de blogger. Según su idea de lo que es un blogger, claro está.


Lisa DeBenedictis & Marco Raaphorst | Cuckoo

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