Acerca de un servidor
4 de Enero de 2007
Ya no lo puedo prorrogar más.
Primero Diego y ahora también Carmen me envían un meme al que no sé muy bien por dónde meterle mano, que eso de hablar de mí mismo nunca se me ha dado demasiado bien ni encuentro tampoco, así a bote pronto, demasiados secretos que desvelar. Que sean confesables, quiero decir, que para los inconfesables no es éste un buen lugar. No hay ron, no hay humo de tabaco, no hay música de fondo…
Pero allá vamos:
Mi nombre: No mucha gente sabe que en realidad fui bautizado como Jacinto Antonio, aunque sólo la Iglesia así me reconoce. Una confusión a la hora de comunicarle a la sociedad civil mi nacimiento me dejó con el Jacinto pelado. Y del Antonio poco se ha sabido desde entonces.
Diseño Web: Era sólo una afición hasta que una ciática galopante me llevó hacia una resonancia magnética que desveló a mi médico que ya tengo la columna vertebral como debería tenerla dentro de unos veinte años, desgastadita que está la pobre. Trabajaba por entonces en el taller de escenografía Alonso Quijano -el último trabajo fue ayudar en el montaje de la “domus romana” de Julióbriga- y por sugerencia de un amigo comencé a plantearme el cobrar por lo que hasta entonces hacía “de gratis”. Aunque no sé muy bien si esto último lo he conseguido del todo, jejeje…
Las letras: No sí si puedo decir, como Diego, que la de escritor sea mi vocación frustrada, si bien es verdad que alguna que otra vez, hace años, pude soñar con llegar a serlo. No obstante, casi nunca he dejado de escribir -menos en estos últimos tiempos, que tengo la pluma abandonada- y deben ser centenares los escritos de todo tipo -poemas, cuentos, proyectos de novelas…- que por ahí andan perdidos. Los más afortunados, en forma de letras de canciones, han encontrado su acomodo en las músicas de mis amigos Juanjo y Fernando, y hasta he podido escuchar alguna vez cómo la gente las coreaba. Eso ya colma mi ego literario. Por otra parte, espero que un proyecto del amigo Espiritusanto me anime a escribir de nuevo. Amenazo. Y eso sí, me siguen gustando las palabras, encuentro belleza en ellas. Puedo releer varias veces una frase de un libro sólo por el placer estético que me procura.
La música: Desde mis años de primaria en los Salesianos del Paseo de Extremadura de Madrid, donde existían grupos de alumnos del colegio que tocaban versiones de los Beatles, la Creedence o Emerson, Lake & Palmer -y eran los últimos 60, primeros 70-, hasta eso de las letras que contaba antes y que aún no he abandonado del todo siempre me ha acompañado la música y algo he tenido que ver con ella, más tangencialmente o menos. Mi única frustación en este aspecto, haber rechazado la oferta de formar parte de un grupo de música celta cuando estaba aprendiendo a tocar la batería. Pero me asusté, no me sentía capacitado aún. Ahora sé que debía haber dicho que sí, aunque sólo hubiera sido por intentarlo.
Obrero del metal: Si a veces he bromeado con José Luis por aquello de la lucha obrera no ha sido sin conocimiento de causa. Pasé 11 años de mi vida en “la Pegaso“, como todo el mundo la conocía, desde que en 1976 entré con catorce años a su Escuela de Formación Profesional hasta que a los veinticinco decidí aprovechar una regularización de empleo para salir de allí por razones que no vienen al caso. No me arrepiento de aquella etapa de mi vida, me quedan buenos recuerdos. Y la fábrica fue un buen lugar desde el que vivir y observar la transición española.
La Universidad: Puede que haberla abandonado sin terminar la carrera sea una de las cosas de las que más me arrepiento. Pero simultanear primero Formación Profesional y BUP y después trabajo en la fábrica y Universidad, mili mediante, pudieron conmigo. Aunque haber podido comprobar personalmente cómo se hace imposible abandonar en coche la Complutense después de que un demente con tricornio, pistola y bigote hubiera tomado el Congreso de los Diputados y por las facultades se corriera la voz de que los tanques iban a tomar la Universidad fue una experiencia única. Un caos indescriptible que alimentaba la música que aquella noche sonaba en la radio. Menos mal que sólo fue un susto. Aunque fue un susto gordo.
Barman: Sí, tuve un pub durante unos años. Era algo por lo que había que pasar.
La movida madrileña: Creo que la viví con suficiente intensidad. Las noches del Marquee y el Rock-Ola siempre serán irrepetibles.
Cerámica: Los ceramistas son Cú y Jonás, pero el haber ayudado de cuando en cuando a Cú durante todos estos años me ha llevado a descubrir lo hermoso que es tocar el barro, trabajarlo. Y esto me recuerda que tengo que sacar tiempo para ir a su taller y hacer algunas cosas que tengo en mente. Y que me dejé olvidadas en casa las lucernas que llevaba a la cena de Navidad como regalo para la gente de Las Ideas. En fin, ahí están para otra ocasión.
Carabanchel: Mi patria chica, aunque viva lejos de ella.
Y ya está bien, que para no saber qué contar me he enrollado de lo lindo.
Si es que tienen a bien seguir este meme, tengo curiosidad por saber algunas de las cosas que desconozco de la sin par Lily, el caballero Gervais, la intergaláctica Kahlo, el paneuropeo Eric y la cósmica Anna. Y si lo quiere aceptar como deberes para su blog por estrenar, el candidato David.