¡Cómprenos usted, por caridad!
26 de Mayo de 2007

Cada vez son más los servicios o productos que se nos ofrecen bajo el reclamo de la solidaridad. Parte de los ingresos derivados de su compra o uso, nos dicen, irán destinados a la financiación de buenas causas.
Parecen iniciativas loables, y nos venden una benéfica imagen de las empresas que utilizan esa estrategia de marketing. Y el que cada vez se recurra más a ella nos confirma, por otro lado, que en nuestras sociedades hay una voluntad de ayuda bastante generalizada. Hasta ahí, a simple vista, todo parece bueno.
Pero algunos expertos y dirigentes de organizaciones de ayuda están preocupados con esa práctica. Si bien no se puede poner en duda que es un recurso añadido para las organizaciones sin ánimo de lucro y que en cierta forma colabora en la concienciación social en ese área, de otra parte puede estar mandando a la gente un mensaje equivocado sobre el verdadero alcance de su solidaridad.
A pesar de que sepamos que sólo una parte del dinero que gastamos -a veces una mínima parte- será dirigido a esas causas con las que las empresas intentan atraernos, a menudo la sensación que nos queda es la de que nuestro aporte ha sido mayor de lo que supone nuestra contribución real.
Si por un momento imaginamos que esa vía de ayuda se impusiera y canalizáramos a través de ella todo nuestro afán de solidaridad tendríamos que sólo una pequeña parte de lo que estaríamos dispuestos a aportar llegaría verdaderamente a su destino. Llegados a ese punto, por tanto, las que saldrían beneficiadas serían las empresas. Y las que saldrían perdiendo, paradójicamente, serían las causas que nos han motivado para comprar o utilizar los productos o servicios que esas empresas nos proporcionan.
La mejor opción si queremos colaborar con alguna causa, lo más eficaz, es la donación directa. Si además como consumidores decidimos elegir de entre varias opciones alternativas las de las empresas que destinan parte de sus ingresos a la solidaridad, bueno será eso como una ayuda complementaria.
Vía | Selfish Giving
































Yo tampoco sé como calificar este tipo de propuestas. Es decir, es evidente que es mejor que Bill Gates a través de su fundación done dinero para la cura de la malaria que no hacerlo, pero ¿no sería mejor que comenzase por mostrar unas prácticas empresariales acordes a su filantropía?
En el caso de las empresas, las ayudas están sujetas a que en el Primer Mundo se fomente el consumo, lo cual no ayudará a la convergencia con el Tercer Mundo, con lo que únicamente lavamos nuestra conciencia pero no contribuimos realmente a estrechar las diferencias entre Norte-Sur.
En resumen, no están del todo mal estas campañas (siempre que la gestión posterior de los recursos sea la correcta) pero habría muchas mejores maneras de ayudar. Lo otro es una ’solidaridad interesada’
Comment de Rave | 26 de Mayo de 2007
Ese es el dilema; Rave. Las cosas no se hacen bien, pero parece preferible eso a que no se haga nada. Lo verdaderamente eficaz sería que nuestra solidaridad no se mostrara sólo vía donaciones, sino también siendo consecuentes en nuestras actitudes políticas, exigiendo a los dirigentes medidas efectivas para la convergencia con el Tercer Mundo y teniendo eso también en cuenta a la hora de votar.
Porque en realidad casi toda nuestra solidaridad es “interesada”. Aunque ese interés sólo sea el de lavar nuestra conciencia.
Comment de Jacinto | 26 de Mayo de 2007