Por la soberanía tecnológica
28 de Julio de 2007
No parece haber necesitado Microsoft recurrir para tratar con el gobierno de Chile a las amenazas que hace tiempo profería Steve Ballmer ante un auditorio de líderes asiáticos tentados por el ejemplo de China a usar Linux en sus respectivas administraciones. Aquella muestra de soberbia y arrogancia nos liberó -al menos a mí- de cualquier sensación de prejuicio a la hora de criticar a esa compañía por sus permanentes aspiraciones monopolísticas y sus repetidas malas artes de negocio.
Porque lo deseable, lo plausible, lo premiable, es que una compañía triunfe sobre las demás porque su producto es, sino el mejor, tan bueno como el mejor. Ese es, o debería ser, el espíritu de estos tiempos modernos donde progreso y libertad deben ser términos que caminen juntos, resintiéndose cualquiera de ellos gravemente cuando a su lado falta el otro. No hay otra forma posible de avanzar. Ya no.
El viejo método de la imposición, de la exclusividad, del totalitarismo, ése que sigue practicando empecinadamente Microsoft, está condenado al fracaso, tarde éste más o menos tiempo en materializarse de manera evidente. Sus productos no son, hoy por hoy, los mejores. Son, eso sí, los más usados y los únicos que conoce la gran mayoría de usuarios medios. Pero el nivel de preparación de los usuarios irá, lógicamente, creciendo. Y con él su capacidad crítica y de elección.
De nada valdrá entonces la habilidad de Microsoft para influir en las decisiones de gobiernos y administraciones con el fin de imponer el uso de sus tecnologías. Esos mismos usuarios, esos mismos ciudadanos, demandarán a sus representantes una mejor gestión de los recursos públicos también en el ámbito tecnológico. Llegado ese momento, serán los mismos políticos quienes sabrán tomar las decisiones más acertadas. Mal que le pese a Microsoft, los gobiernos los eligen los ciudadanos, los usuarios.
Afortunadamente, Chile tiene una avanzadilla ciudadana comprometida, formada, responsable y activa. Lo prueba, como un ejemplo más, el Movimiento de Liberación Digital surgido contra el acuerdo del gobierno chileno con Microsoft para, de manera casi literal, regalarles el país. O, al menos, dejarles mantener secuestrada la soberanía tecnológica chilena.
Condicionar el desarrollo tecnológico de un país al capricho o intereses de una empresa privada del cariz de Microsoft es, hoy por hoy, poner freno a su progreso, tanto social como económico. De ahí que en el mundo actual la soberanía tecnológica sea tan necesaria y crucial.
Si en Microsoft no pueden entender y respetar eso, allá ellos, se terminará volviendo en su contra un día u otro. Si los políticos no quieren o no saben comprenderlo, que se vayan y dejen en su lugar a otros más capaces o más honestos.
Porque tanto los unos como los otros, aunque no parezcan darse cuenta de ello, cada vez engañan a menos gente.

































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Las sanitarias, las eléctricas, las telefónicas, las autopistas, nuestros ahorros previsionales y ahora nuestra soberanía tecnológica. ¿Dónde pararemos?
¡Viva Chile mierd.!
Comment de Verónica | 2 de Agosto de 2007