Una ciudad sin anuncios
7 de Agosto de 2007

Dice el alcalde de São Paulo que nada tiene contra la publicidad, aunque no se muestra tan conforme con sus excesos. Quizá por eso desde comienzos de este año su ciudad es la primera, fuera de lo que era la esfera de países comunistas, en la que las calles se muestran vacías de esas publicidades de gran formato omnipresentes en cualquier gran población.
Polución visual llama el alcalde, Gilberto Kassab, a esa profusión de vallas y otros soportes repletos de anuncios. Y para combatirla, el ayuntamiento promulgó una ley que regula no sólo el despliegue de los grandes carteles sino también el tamaño de los letreros de los locales comerciales o la publicidad incorporada en autobuses o taxis. En resumen, todo lo que a juicio del consistorio “ensucia visualmente” la ciudad.
Los sectores perjudicados, publicistas y anunciantes, no están lógicamente muy contentos con la ley, y Clear Channel Communications, que sigue con su lucha judicial ante la medida, llegó a lanzar una campaña contra ella semanas antes de su entrada en vigor: “There’s a new movie on all the billboards – what billboards? Outdoor media is culture”.
Curioso esto que se da desde hace ya tiempo, valga el inciso, de apelar sistemáticamente a la cultura cuando se quiere dignificar la defensa de intereses meramente económicos.
No sé si la medida es apropiada o desproporcionada, no entro a valorarlo. Pero sí me lleva a pensar en cómo hemos asumido la presencia masiva de la publicidad como algo natural.
Nos molestan muchos ruidos, pero no protestamos por algo tan molesto -para mí al menos- como que el volumen de nuestros televisores suba repentina y automáticamente de manera notable cuando comienzan los bloques de anuncios.
Nos quejamos por los graffitis u otras manifestaciones de arte urbano, pero aceptamos de buen grado, como si fuera lógico e inevitable, que en período electoral los carteles de los candidatos “ensucien” -porque sí que lo hacen- casi cada rincón de nuestras calles.
¿Será que necesitamos ya la publicidad, que no podríamos vivir sin ella? Yo creo que sí, aunque analizar los porqués sería largo y complejo.
Pero esto es algo que se podría englobar en una realidad más amplia. El ser humano de hoy, por lo menos en el mundo occidental, tiene demasiadas necesidades irracionales, que en algunos casos pueden llegar a ser peligrosamente obsesionantes.
No somos ni tan listos ni tan libres como nos creemos.
Vía | Adbusters
Imagen | Fotografía de una serie sobre el aspecto de São Paulo sin anuncios en el Flickr de Tony de Marco
King Crimson | 21st Century Schizoid Man
Nothing he’s got he really needs
Twenty first century schizoid man.




































La Publicidad, bien llevada puede formar parte del conjunto social, las ciudades tienen otro color, mira Tokyo o La Gran Vía (que dio paso a una escena ya mítica del cine español con El Día de La Bestia).
El caso es que no toda la Publicidad es válida a la hora de conjuntarse con el entorno, no toda la Publicidad favorece estéticamente, pero las prohibiciones son odiosas.
Comentario de Trotamundos | 8 de Agosto de 2007
Sí, prohibir radicalmente no suele ser la solución para nada. Aunque en Sao Paulo la saturación de publicidad era preocupante.
Un saludo.
Comentario de Jacinto | 9 de Agosto de 2007