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Blog Action Day: libres pero incívicos, insolidarios e injustos

15 de Octubre de 2008

The future Malawi football team, foto de Lars Plougmann

The future Malawi football team, foto de Lars Plougmann

Lo pensaba hoy viendo en las noticias el tema de la sanción de la UEFA al Atlético de Madrid. El comportamiento vandálico en los campos de fútbol no sólo es un espectáculo lamentable sino que cuesta su dinero. El despliegue policial, de medios y personal sanitario, de limpieza… Y el fútbol es sólo un ejemplo.

Muchas de nuestras actividades sociales generan un gasto, público, que podría ser evitado simplemente con que actuáramos con un poco más de civismo y fuéramos mínimamente conscientes del perjuicio, económico, que nos estamos haciendo a nosotros mismos, pagadores finales de esos gastos.

Ayer, en un bar, ante las imágenes de la película “El último rey de Escocia”, alguien a mi lado hacía un comentario: «¿Cómo no van a querer irse de allí?». Era un pensamiento lógico, evidente, que surge más veces cuando vemos imágenes de guerras, genocidios, torturas, hambre, miseria, pobreza en definitiva que conlleva situaciones de desigualdades sociales y abusos políticos.

Pero esa comprensible compasión que sentimos en el momento no suele desembocar más tarde en una reflexión detenida sobre el origen y las causas de esas situaciones y las acciones que podemos llevar a cabo para remediarlas.

Quizá estamos demasiado ocupados en lo nuestro, en ver cómo colmamos todas esas apetencias a las que cada vez creemos tener más derecho. Porque cada vez confundimos más el ser libres con tener cosas, nos sean imprescindibles o no. Y no vemos, o no queremos ver, la relación que hay entre nuestra abundancia y la pobreza de otros. Que la hay.

Así que hoy, que se celebra el Blog Action Day, dedicado esta vez a la pobreza, no sería un mal día -ninguno lo es- para que nos paremos a pensar dónde van a parar los beneficios que generan los recursos -que también los hay- de muchas zonas del planeta donde la pobreza y el hambre campan y aniquilan.

Posiblemente esa indagación, si es seria, nos lleve a mirar a nuestro alrededor y comprender que la libertad no tiene mucho sentido si no va acompañada de civismo y solidaridad. Y sobre todo de justicia. Y que el colaborar en que esas situaciones de pobreza se erradiquen no eso sólo algo que debamos hacer graciosamente. Es también algo que nos beneficia.

Y que el berrear improperios en un campo de fútbol se puede confundir con un acto de libertad. Pero si los berridos terminan costando dinero al mundo, mejor que el berreón se esté callado.

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