
La imagen que encabeza este post me ha traído a la memoria El Golpe -la premiada película protagonizada por la pareja Paul Newman/Robert Redford- y el callejón que conducía a la entrada del falso local de apuestas clandestinas donde un grupo de estafadores escenificaban su plan para timar a un conocido jefe mafioso.
Y es que -salvando las distancias entre los personajes de la película y los actores del drama real que supone el encausamiento al juez Baltasar Garzón, que no es mi propósito establecer paralelismos literales- la figura del acceso desviado desde la entrada principal del juzgado hacia un callejón -una vía secundaria, menos transitada, más discreta- podría bien simbolizar ese rodeo hasta la acusación de prevaricación contra el juez para evitar exponer abiertamente las que parecen ser razones más profundas de esa causa: sus actuaciones en la investigación de los crímenes del franquismo o en el caso Gürtel.
Que la prevaricación es una mala excusa parece estar claro. Y que casi nadie entiende el encausamiento sin su trasfondo político -salvo los interesados en retirar a Garzón de la judicatura, claro está-, también.
“Vergüenza histórica” o “golpe brutal contra la democracia” eran calificativos empleados ayer en la concentración de apoyo a Garzón convocada por los sindicatos CC.OO. y UGT para definir el proceso contra el juez. “Una injusticia en España” rezaba hace unos días el título de un editorial de The New York Times. Y un artículo de ayer mismo en el británico The Guardian concluía con esta sentencia:
Gracias a Garzón, España llegó a convertirse en símbolo de la justicia para las víctimas de atrocidades en todo el mundo. Ahora es la justicia en sí misma la que puede ser la víctima en España.
Pero aparte de estas y otras declaraciones favorables a Garzón vertidas aquí y allá -numerosas y significadas-, que por regla general coinciden en lo injusto y antidemocrático del proceso abierto contra él, existe otra perspectiva desde la que mirar las causas abiertas contra el juez. Como la recreación de un escenario propicio para llevar a cabo lo que en la trama de la película El Golpe era fin evidente a la vez que vehículo para la venganza de uno de los personajes: un intento de estafa a lo grande.
Un empeño que, de triunfar, sería uno de los mayores timos de la historia. Un colosal timo colectivo que vendería injusticia camuflada de Derecho.
¿Las víctimas de ese timo? Todo el pueblo español. O -precisando- la mayoría de él que sí cree sinceramente en la democracia.
¿Los beneficiarios? De forma notoria, el franquismo nostálgico y resistente. De manera no reconocida pero mal disimulada, quienes se afanan en defender con insistencia sospechosa que se encause a Garzón. Aunque sea esgrimiendo insensateces e incurriendo en burdas contradicciones.
Yo apoyo a Garzón.
Y el que la Sala Segunda del Tribunal Supremo haya tomado la extravagante decisión de convocar a los corresponsales en España de la prensa extranjera -y sólo a ellos- para explicarles los aspectos procesales que justificarían el encausamiento del juez sólo me reafirma en ese apoyo.
¿O será que medio mundo anda equivocado y la razón es patrimonio indiscutible de jueces que se niegan a escuchar a quienes no opinan como ellos?
Peligrosa hipótesis. Por más que se enarbolen estandartes procesales para legitimarla.
Imágenes | Galería Flickr de Nicéforo y Wikimedia Commons
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18 de abril de 2010 a las 16:40
A Garzón se le podrán reprochar muchas cosas: desde presuntas actitudes “estrella” hasta algunos errores, desde el ámbito jurídico a lo personal. Pero es un “hecho objetivo” (Mr. Ansar says) que:
-Sus actuaciones han dignificado las vidas o la historia de miles de personas represaliadas, torturadas, desaparecidas o simplemente asesinadas.
-En algun momento los dictadores y asesinos han sentido temblar el pulso.
-Han reconocido jurídicamente la tragedia de las víctimas.
Y sobre todo, han hecho todavía más patente la hipocresía y doble moral de los Estados “democráticos” y “de Derecho” occidentales y Uropeos,
Oh, Gran Maestre Stralunático!: Malos tiermpos para la lírica, y también para la justicia jurídica. ¿Qué dirá la mayoría de la clase política?.
Salud y fuerza,
Gervais
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19 de abril de 2010 a las 13:59
UNA VERGUENZA LO QUE SE PRETENDE HACER CON ESTE JUEZ.
15 de mayo de 2010 a las 22:29
Mi nombre es Tania Quiroz. Soy argentina, descendiente de españoles. Quiero expresar mi apoyo y agradeciminento al juez Garzón. Realmente es un defensor del Derecho. No puede haber leyes que permitan que el estado comenta delitos. Leyes que permitan que se violen las leyes. Los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles.
¿Acaso España niega el derecho a los juicios de Nuremberg?
27 de enero de 2012 a las 21:35
¡Españoles de España! A quienes estamos afuera nos llega el olor a “podrido” cuando de aplicar la justicia se trata. ¿Cómo soportáis ahí tanta podredumbre? ¿No os huele mal,mal,mal? Bueno, es el mundo del revés!!!!