En realidad, de lo ofrecido hasta ahora sólo TypePad AntiSpam es un plugin propiamente dicho. Las otras tres utilidades -Six Apart Media, para la gestión de publicidad, TypePad Connect, un sistema de comentarios, y Blogs.com, la red de blogs- son servicios de Six Apart.
Nada nuevo en el horizonte, por lo tanto. Al menos de momento.
Por eso me parece un poco excesivo el entusiasmo de algunos con esta noticia, y exagerada la comparación con los dos grandes rivales del hardware: “Es como si Microsoft ofreciera software para Apple en su web”.
Como yo lo veo, Six Apart gana más que pierde con esta iniciativa. Cuando menos, usuarios que han de registrarse en sus servicios si es que los quieren utilizar.
Eso sí, si no los ofrecieran, libre y gratuitamente, nadie podría beneficiarse de ellos. Y abrir la puerta a que las empresas que desarrollan software para el blogging adopten una mentalidad multiplataforma tampoco está mal.
Y es que a veces las cosas que nos parecen más importantes son las que más vamos postergando. Pero como nunca es tarde si la dicha es buena, hoy por fin me he decidido a escribir sobre ese maravilloso proyecto que desde los altos de La Loma le explica al mundo que hay una Colombia de gran valor humano de la que los medios de comunicación apenas nos hablan.
Como decía Xady, miembro de HiperBarrio, en un comentario a la noticia en PC, “hay que mostrarle a la ciudad y al país las verdaderas historias de vida que hay en todos los pueblos, barrios, comunas…”.
En esa biblioteca fue donde me encontré con ellos, después de un interminable ascenso en microbús desde la estación de metro de San Javier. Su recibimiento fue de lo más amable y afectuoso -algo que tampoco me podía extrañar después de casi un mes de estancia en Medellín, ciudad de acogedoras gentes-, y pronto pude comprobar el ambiente de compañerismo y entusiasmo que reinaba en el grupo.
Gabriel Jaime Vanegas, con quien había contactado por mail para organizar aquel encuentro, me enseñó la biblioteca, explicándome alguno de los proyectos en marcha, como un taller de lectura para los niños del barrio. Y también la zona de ordenadores, desde los que la gente que acude a la biblioteca se puede conectar a Internet y sirven además para esa labor de formación que el grupo desempeña, adiestrando a los más jóvenes en las labores de publicación en la Red.
Los blogs, que en otros lugares ya han perdido su aura mágica y liberadora, recobran todo su sentido y su capacidad de transformación social en las pantallas de esos ordenadores de La Loma, donde la posibilidad de comunicar al mundo hechos y sentimientos amables, habitualmente olvidados tras titulares de tragedia y desesperanza, es como un añorado milagro hecho realidad.
Lo expresa a la perfección Catalina Restrepo, hablando sobre la idiosincrasia de La Loma y la gestación de HiperBarrio:
“Es muy bonito”.
Quizá no haya mejor definición para la sensación que debe proporcionar el aportar y destacar una visión positiva de su barrio, donde no siempre la vida ha sido fácil pero no por ello ha dejado de ver crecer en sus calles chicos y chicas de enorme valía y gran corazón.
Gabriel habla de ese empeño, que comenzó con el planteamiento de rescatar la memoria histórica de La Loma para convertirse en regenerador de una paz que ojalá nunca se hubiera visto truncada:
Se puede adivinar lo necesario y valioso del proyecto HiperBarrio escuchando sus palabras y razones, pero esa percepción se acentúa compartiendo un rato con ellos en la biblioteca. Sólo estando allí se puede intentar -sólo intentarlo- llegar a comprender lo necesario que es y el caudal de cariño derrochado para sacarlo adelante.
Podría seguir escribiendo sobre la multitud de sensaciones -todas gozosas- que aquel rato con ellos me regaló. Pero tampoco es cuestión de aburrir a la audiencia con un post aún más kilométrico. Y lo esencial, lo importante, se descubre -como antes decía- oyendo sus testimonios.
Sólo me resta confesar -pues no sé si alguna vez lo he hecho- que cuando subía de nuevo al microbús para bajar de regreso a la ciudad me apenaba separarme de aquel grupo de jóvenes que amablemente nos habían acompañado hasta la parada, a Esmeralda y a mí, para despedirnos. Dos días después regresaba a España y no sabía cuándo tendría la oportunidad de estar con ellos de nuevo. Y sentía que el tiempo pasado a su lado en la biblioteca había sido muy poco.
Aunque ese tiempo escaso me sirvió para aprender muchas cosas importantes. O también recordar algunas que tenía olvidadas o no lo suficientemente presentes.
Gracias a ConVerGentes por ese impagable regalo.
En la foto que encabeza este post -junto al señor con camiseta negra y bigote, que soy yo- los siguientes ConVerGentes, de izquierda a derecha:
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