Scream at the Economy (Grito a la Economía) es un proyecto participativo del Floating Lab Collective, por el que invitan a la gente a enviar por teléfono sus gritos ante a la situación económica que atravesamos.
Los gritos recibidos serán utilizados como base para composiciones musicales, elaboradas por seis compositores de diferentes países, que se ejecutarán públicamente frente a diversas instituciones financieras.
Ejecuciones para las que además se utilizará un curioso artilugio, el screamer o gritador:
Las composiciones, en MP3, se podrán descargar libremente en la web del Floating Lab Collective a partir del 25 de junio.
Queda poco que decir de Antonio Vega. Desde que se mudó, hace unos días, se ha dicho ya casi todo. Se le añorará, sin duda, pero no quiero que el egoísmo de mis sentimientos me lleve a olvidar que ahora es mucho más libre. Y mucho más sabio.
Y seguramente entienda ya -y sonría al comprenderlo- por qué formará siempre parte de mis recuerdos. Como de los de muchos otros más.
Una décima de segundo
Un momento en un agenda,
una décima de segundo más.
Vuela, va saltando de hoja en hoja,
mil millones de instantes de que hablar.
Una ráfaga de aire frío
un molino de viento hace girar.
Sigue, va rodando sobre su eje
describiendo una trayectoria más.
Y es que no hay nada mejor que imaginar,
la física es un placer.
Es que no hay nada mejor que formular,
escuchar y oír a la vez.
Mide el ángulo formado por ti y por mí,
es la solución a algo muy común aquí.
Ahora tú no dejes de hablar.
Somos coordenadas de un par.
Incógnita que aún falta por despejar.
Busca un libro que diga “Cómo”,
luego otro que se titula “Así”.
Sigue, un tercero llamado “Nada”,
es la forma del círculo sin fin.
Y es que no hay nada mejor que revolver
el tiempo con el café.
Es que no hay nada mejor que componer
sin guitarra ni papel.
Paralelas, vienen siguiéndome.
Espacio y tiempo juegan al ajedrez.
Y yo he elegido para incluir en este post la de Dave Ryder -y no es el único tema que ha dedicado a la famosa red de microblogging- porque ha tenido la estupenda ocurrencia de incluir en el montaje imágenes de Félix El Gato.
Reminiscencias de la infancia, que cada cual tiene sus debilidades.
Más de 40 años lleva ya la revista Rolling Stone siendo testigo e icono de una sociedad nacida con el despertar de la nueva cultura pop.
Muchas cosas han cambiado en ese tiempo, también dentro de la propia revista, que ha sobrevivido adaptándose a esos cambios. Pero los que como la revista alcanzamos ya la cuarentena podríamos encontrar entre las páginas de sus números momentos especiales de nuestras propias vidas, recuerdos de emociones y vivencias.
Inspiredology ha publicado en una serie de tres posts – The Brand, Iconic y Epic Design- una selección de las portadas de Rolling Stone a lo largo de su historia.
Eso augura un comentarista anónimo en el post del blog de Blip.fm donde hace ya más de un mes -aunque yo lo he descubierto hoy- se anuncia un cambio fundamental en el funcionamiento del sitio. Ya no es posible subir archivos de canciones al servidor de Blip.fm. Y no sólo eso, los archivos que los usuarios hubieran subido con antelación han desaparecido. Al menos los míos ya no están.
Maquillado en el blog, intentan que no suene tan drástico: From Uploads to URLs. Esto es, es imposible subir canciones pero han habilitado una nueva fórmula, en una pestaña llamada “Music”, que permite introducir la URL del archivo de una canción alojada en el propio servidor de cada usuario:
We’ve made a change in the way new music is added to Blip.fm search results. Instead of uploading mp3s directly to our servers, we’re making it easy to save the URL of songs that are already uploaded on your own server.
Suena un poco a chiste. Como si el tener un servidor propio fuera algo común entre los internautas y cada usuario dispusiera del suyo.
Y no es menos chistoso que recuerden la intención de Blip.fm de ofrecer a los artistas la oportunidad de ser escuchados. Si ese era el fin, ¿por qué eligieron el formato microblogging? Lugares hay en la Red, desde mucho antes de la aparición de Blip.fm, que ya hacen bastante bien eso de ser escaparate de músicos.
Provisional
En mi caso, con algunas canciones subidas de un grupo más que amigo, Provisional, han echado el cierre al escaparate. No fue eso de “la oportunidad de ser escuchados” lo que me llevó a subirlas -salvo el que las pudiera escuchar algún amigo en concreto-, pero de haberlo sido se habría acabado pronto la oportunidad. Ya no están.
La razón argüida para semejante cambio son los costes de transferencia en el servidor de Blip.fm. No voy a ponerlo en duda, aunque en los comentarios al post citado sí lo hace mucha gente. Y, de ser cierto, significaría que los responsables del servicio o no sabían dónde se metían o tenían tan poca confianza en el éxito de su proyecto que no supieron prever los niveles de tráfico que podrían alcanzar. O no han sabido sacarle un rendimiento económico a ese tráfico.
La otra posible razón, que sólo se insinúa en muchos comentarios y a la que no contestan desde Blip.fm con claridad, sería la supuesta influencia de las casas discográficas en la decisión de no permitir las subidas. La única respuesta en ese sentido desde el servicio es que algunos temas se mantendrán en sus servidores en función de sus acuerdos con artistas y compañías.
Si esos acuerdos son los que se adelantaban en BusinessWeek, el fundador de Blip.fm Jeff Yasuda habría estado en conversaciones con las cuatro grandes compañías de la industria musical para alojar su música en el servicio e incluir publicidad de artículos relacionados, como camisetas, entradas de conciertos, etc.
Pero en lo que muchos de ellos coinciden e intentan explicar -en vano, pues desde Blip.fm se empeñan en mantener que lo que hacen es mejorar el servicio- es que sin los “uploads” ese servicio pierde buena parte de su sentido.
Es fácil. De nada me sirve una gran base de canciones de las grandes compañías si la música que quiero compartir con mis amigos es otra pero no tengo forma alguna de subirla. Sin ir más lejos, hoy he intentado buscar música de Green On Red y sólo me aparecían 4 o 5 temas que no eran ninguno de los que me podrían haber servido, que por cierto eran bastantes. Y una de las últimas veces que entré a Blip.fm busqué infructuosamente algo de Kepa Junkera.
Porque para mí y muchos otros la sal de Blip.fm era el poder compartir la música, pero la que cada uno quiera compartir, no la que te imponga un catálogo establecido. Para escuchar música simplemente, como si de la radio se tratase hay otras opciones mejores, al menos para mí. Como las estaciones de radio online de ShoutCast, donde puedes elegir entre infinidad de emisoras temáticas y escuchar lo que en cada momento más te apetezca.
Tampoco es que sea una gran pérdida. Ya veremos cómo evoluciona el sitio y el volumen de usuarios. Pero no sería de extrañar que, como otro comentarista sugiere, alguien coja el testigo y desarrolle otro servicio similar con los “uploads” permitidos. La prueba de que puede resultar exitoso ya la ha dado Blip.fm. Aunque parezca que sus responsables entiendan que al éxito se llega por otro camino.
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