Queda poco que decir de Antonio Vega. Desde que se mudó, hace unos días, se ha dicho ya casi todo. Se le añorará, sin duda, pero no quiero que el egoísmo de mis sentimientos me lleve a olvidar que ahora es mucho más libre. Y mucho más sabio.
Y seguramente entienda ya -y sonría al comprenderlo- por qué formará siempre parte de mis recuerdos. Como de los de muchos otros más.
Una décima de segundo
Un momento en un agenda,
una décima de segundo más.
Vuela, va saltando de hoja en hoja,
mil millones de instantes de que hablar.
Una ráfaga de aire frío
un molino de viento hace girar.
Sigue, va rodando sobre su eje
describiendo una trayectoria más.
Y es que no hay nada mejor que imaginar,
la física es un placer.
Es que no hay nada mejor que formular,
escuchar y oír a la vez.
Mide el ángulo formado por ti y por mí,
es la solución a algo muy común aquí.
Ahora tú no dejes de hablar.
Somos coordenadas de un par.
Incógnita que aún falta por despejar.
Busca un libro que diga “Cómo”,
luego otro que se titula “Así”.
Sigue, un tercero llamado “Nada”,
es la forma del círculo sin fin.
Y es que no hay nada mejor que revolver
el tiempo con el café.
Es que no hay nada mejor que componer
sin guitarra ni papel.
Paralelas, vienen siguiéndome.
Espacio y tiempo juegan al ajedrez.
La pusieron ayer por la tarde en Cuatro, y me trajo viejos recuerdos de una tarde en un cine del barrio que ahora es un salón de bodas y bautizos. Recuerdos que nada tienen que ver con la película en sí misma, pero que están asociados a ella en mi memoria. Buenos recuerdos.
El caso es que me gustó ver de nuevo, años después, a Ringo Starr en el papel de Atouk el cavernícola, enfermo de amores por la que después sería y es su mujer en la vida real, Barbara Bach, y que en la película interpreta a Lana, la mujer del jefe del clan.
Es Caveman (Cavernícola en la versión española). Humor sin más pretensiones para gente sin complejos.
Y en el vídeo uno de sus momentos, cuando los cavernícolas descubren la música.
Nota para buenos entendedores: Ese cine de mi barrio, Carabanchel, se convirtió en salón de bodas mucho antes de que los españoles descubrieran Internet y el eMule. Y no fue el único. La reconversión en bingo era lo más habitual. Aunque también en el solar de uno de ellos, el Cine Imperio, se levanta ahora un bloque de apartamentos.
En definitiva, parece que la gente tiene más ganas de reírse que de tomarse en serio un festival trasnochado y caduco que sólo sirve para que año tras año Uribarri y otros nostálgicos nos recuerden viejas anécdotas y hazañas.
There’s nothing in the street
Looks any different to me
And the slogans are replaced, by-the-bye
And the parting on the left
Is now the parting on the right
And the beards have all grown longer overnight
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