De domingo a domingo, desde el último post, hoy las palomas de mi calle en Bogotá no caminaban a primera hora de la mañana sobre el asfalto mojado tras una noche lluviosa. Como si el día se hubiera dado la vuelta y la mañana fuera la tarde, se alineaban sobre los cables del tendido eléctrico cual vigías que desde la altura de su atalaya supervisaran el devenir de los habitantes de esta urbe en una fecha tan señalada.
Quiza las palomas hayan modificado su conducta porque supieran, o hubieran podido intuir, que hoy se celebran los comicios de la segunda y definitiva vuelta de las presidenciales 2010, y que no es una jornada de votación cualquiera dentro de unas elecciones también particulares, con cierto cariz de históricas.
Abortado el empeño del actual presidente, Álvaro Uribe, por modificar la ley vigente para poder presentarse a una nueva reelección, la campaña electoral ofrecía otro aliciente añadido, el entusiasmo despertado por la candidatura del Partido Verde, con el peculiar Antanas Mockus como candidato a la presidencia.
Las expectativas no defraudaron y, a pesar del desencanto sufrido por muchos de sus seguidores tras los resultados de la primera vuelta, Mockus pasó esa primera prueba y hoy se enfrenta en la segunda consulta al continuismo uribista representado por Santos.
Sea cual sea el resultado electoral tras esta jornada, la “marea verde” se hace notar, al menos aquí en la capital. Numerosas casas lucen en sus ventanas carteles de apoyo a la candidatura Verde, y no pocos coches portan pegatinas con ese mismo mensaje en sus lunas o traseras.
Con todo -y aunque yo personalmente desearía que ocurriera el milagro- la victoria está difícil. Y ante este hipotético resultado parecen desplegarse las nubes del pesimismo. Como un amigo me comentaba hace unos días, el temor es que tras la derrota la marea verde se diluya y el entusiasmo se apague.
Creo que sería un error. El posible y lógico desencanto que conlleva un resultado desfavorable no puede ser nunca -y aún menos en este caso- vehículo para el destierro de la esperanza. Más bien sería el momento de valorar los logros conseguidos, nada despreciables, y usarlos como acicate para continuar luchando por el proyecto en que se cree. Porque ese mañana mejor pueda llegar pronto.
Pero quizá me esté precipitando. Porque, como decía, yo creo en los milagros. En particular cuando se desean desde el corazón de tanta gente.
Eso es lo que pide este spot creado por Cáritas Diocesana de Canarias para la campaña de concienciación y crítica sobre la modificación de la Ley Orgánica de Extranjería que desde julio de 2009 vienen realizado dentro de su Programa Con Inmigrantes.
Así presentan este spot:
Desde el Programa Con Inmigrantes de Cáritas Diocesana de Canarias, estamos desarrollando desde Julio de 2009 una Campaña de Concienciación y Denuncia en el marco de la modificación de la Ley Orgánica de Extranjería –LOEX-; ya que consideramos que con ésta se recortan los derechos de las personas migrantes y se desanda en valores de solidaridad, hospitalidad, arraigo, sociabilidad e interculturalidad. Este retroceso y pérdida de valores tiene consecuencias nefastas en la construcción de una sociedad más igualitaria y fraterna.
Por esto, hemos realizado un spot publicitario del que solicitamos se haga la mayor difusión posible. Queremos que toda la sociedad conozca el mensaje y difunda la necesidad imperante de refundar y revitalizar los lazos de unión con las personas que por diferentes razones emigran de sus países.
Hace ya unos años, un conocido despotricaba en un bar contra los temporeros que le ayudaban a cosechar sus tierras. Éstos eran musulmanes, y lo que tanto parecía molestar al español era que debieran cumplir con la obligación de la oración, uno de los preceptos fundamentales de su fe.
La única lógica que yo podía entender en esa queja era que su rendimiento laboral se viera resentido por las paradas para esos rezos. Pero no era el caso. Respondiendo a mis preguntas, el agricultor reconoció que eran buenos trabajadores y recuperaban con creces el tiempo que hubieran de emplear en orar. De hecho, no era la primera vez que los contrataba, ya habían trabajado para él en años anteriores. No tenía pues en ese sentido, en lo relativo a su trabajo, nada que objetar.
Entonces, ¿cuál era el problema? Simplemente el hecho de que se se pusieran a orar en mitad del campo, según la propia descripción despectiva de su temporal patrón, “con el culo en pompa”. Sólo eso, el que no por estar en España como inmigrantes dejarán de mantener sus costumbres y cumplir puntualmente con sus ritos y preceptos.
Es la idea de que un emigrante debe dejar atrás sus costumbres y señas de identidad para adoptar las del lugar de destino. Y que esto supone más una obligación, equiparable a la de respetar las leyes, que una alternativa de libre elección.
Una idea errónea y peligrosa que alimenta la xenofobia cuando no nace de ella. De ahí que un estado democrático y receptor de inmigración debiera no sólo regular formalmente la integración de esos inmigrantes sino también educar a la ciudadanía en el pleno respeto a la identidad del otro. Un respeto sin el cual la convivencia social se verá siempre salpicada de conflictos.
Corremos el riesgo -si es que no nos hemos zambullido ya en él- de llegar a pensarnos mejores que quienes por las razones que fueran se ven obligados a abandonar su tierra para terminar viviendo a nuestro lado. Y desde ahí avanzar hasta el demencial convencimiento de que estamos legitimados para exigirles un modo determinado de actuar, de pensar y hasta de sentir.
Olvidamos a menudo -o preferimos ignorar- nuestra parte de responsabilidad en la generación de las situaciones que conducen a esas gentes a la emigración como alternativa de supervivencia. Durante siglos hemos hecho nuestro lo suyo, dejándoles tan sólo unas migajas, y promovido o consentido -hasta hoy- que sean explotados por nuestras empresas, gobernados por la corrupción y la injusticia y amenazados por extremas violencias cotidianas. Lo último, para terminar de ahogarles, es quitarles las tierras de cultivo.
Pero en lugar de exigir a nuestros gobernantes que colaboren en la solución de los problemas que motivan el hambre y la pobreza en el mundo -actualmente en ascenso- nos enredamos en incomprensibles discusiones sobre si el que una joven musulmana lleve voluntariamente un pañuelo en la cabeza es sólo un símbolo inocente de su fe o atenta contra no sé qué dignidades postmodernas.
Declaración Universal de los Derechos Humanos, Artículo 18.1:
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de tener o de adoptar la religión o las creencias de su elección, así como la libertad de manifestar su religión o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, mediante el culto, la celebración de los ritos, las prácticas y la enseñanza.
La imagen que encabeza este post me ha traído a la memoria El Golpe -la premiada película protagonizada por la pareja Paul Newman/Robert Redford- y el callejón que conducía a la entrada del falso local de apuestas clandestinas donde un grupo de estafadores escenificaban su plan para timar a un conocido jefe mafioso.
Y es que -salvando las distancias entre los personajes de la película y los actores del drama real que supone el encausamiento al juez Baltasar Garzón, que no es mi propósito establecer paralelismos literales- la figura del acceso desviado desde la entrada principal del juzgado hacia un callejón -una vía secundaria, menos transitada, más discreta- podría bien simbolizar ese rodeo hasta la acusación de prevaricación contra el juez para evitar exponer abiertamente las que parecen ser razones más profundas de esa causa: sus actuaciones en la investigación de los crímenes del franquismo o en el caso Gürtel.
Gracias a Garzón, España llegó a convertirse en símbolo de la justicia para las víctimas de atrocidades en todo el mundo. Ahora es la justicia en sí misma la que puede ser la víctima en España.
Pero aparte de estas y otras declaraciones favorables a Garzón vertidas aquí y allá -numerosas y significadas-, que por regla general coinciden en lo injusto y antidemocrático del proceso abierto contra él, existe otra perspectiva desde la que mirar las causas abiertas contra el juez. Como la recreación de un escenario propicio para llevar a cabo lo que en la trama de la película El Golpe era fin evidente a la vez que vehículo para la venganza de uno de los personajes: un intento de estafa a lo grande.
Un empeño que, de triunfar, sería uno de los mayores timos de la historia. Un colosal timo colectivo que vendería injusticia camuflada de Derecho.
¿Las víctimas de ese timo? Todo el pueblo español. O -precisando- la mayoría de él que sí cree sinceramente en la democracia.
¿Los beneficiarios? De forma notoria, el franquismo nostálgico y resistente. De manera no reconocida pero mal disimulada, quienes se afanan en defender con insistencia sospechosa que se encause a Garzón. Aunque sea esgrimiendo insensateces e incurriendo en burdas contradicciones.
Ex-rector de la Universidad Nacional, ex-alcalde de Bogotá -en dos ocasiones- y candidato a la Presidencia de la República de Colombia por el Partido Verde, Antanas Mockus es un político atípico que a nadie deja indiferente.
Nacido en Bogotá de origen lituano y licenciado en Matemáticas y Filosofía, llegó a la política -municipal entonces- tras verse obligado a abandonar su puesto de rector universitario por un curioso episodio que causó en algunos tanta perplejidad como popularidad le reportó: silenciado su discurso por los abucheos en un auditorio de la universidad, su respuesta fue bajarse el pantalón y mostrar a los estudiantes su desnudo trasero (vídeo en YouTube).
Lejos de reconocer ese hecho como un gesto obsceno u ofensivo, Mockus lo explicaba como una acción destinada a provocar una reacción. Uno más de los inusuales planteamientos “didácticos” de un político que promulga la educación como motor del cambio.
Así lo propone en el resumen de su ideario político incluido en su página en Facebook (con 143.094 fans en el momento de publicar este post):
Propongo un gran cambio educativo y cultural en Colombia para que la vida se respete, los recursos públicos se cuiden como recursos sagrados, y seamos legales en cada acción.
Principios que ya llevó a la práctica desde la alcaldía de Bogotá, donde dirigió un equipo de gobierno formado por académicos -en lugar de políticos profesionales- que impulsó medidas tan innovadoras como sorprendentes.
Si es o no el presidente que necesita la República es algo que habrán de decidir los colombianos con su voto. Pero lo que resulta indudable es que su idea de educar a la sociedad en los valores cívicos y morales que destierren la resignación ante la violencia y la corrupción -entre otros males sociales- es un digno propósito.
El siguiente documental (de 1 hora de duración, aviso, pero sumamente interesante en mi opinión) nos acerca al personaje y narra la trayectoria que le ha llevado hasta su candidatura a la presidencia:
(Advertencia: el sitio donde está alojado el vídeo completo aquí incluido, Megavideo, no permite visualizar la totalidad del mismo en una sola sesión continuada sin previo registro. Como alternativa, el documental puede verse también en YouTube, dividido en varias partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7. )
Y una año más me he perdido las cañitas, las risas y todo eso que cualquier reunión de “ideanos” acarrea. Y en esta ocasión, para más inri, en un lugar como Sevilla.
Pero para disimular y que parezca que no me corroe la envidia cuando imagino a los amiguetes que sí tuvieron la fortuna de estar allí tapeando por la capital andaluza -y tramando alguna confabulación, que me los conozco-, dejo aquí el vídeo que de la ceremonia ha publicado Rosa Jiménez Cano:
Y tras verles recibir el premio, sólo me queda recomendar los blogs de los galardonados en esta 3ª edición: Inés Sabanés y Fernando Garea.
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