El MIT Senseable City Lab ha presentado The Copenhagen Wheel, una rueda trasera de bicicleta equipada con un motor eléctrico y un hub de gadgets electrónicos que ofrece interesantes servicios.
La batería que alimenta el motor eléctrico se recarga con el pedaleo, almacenando energía para cuando se hace necesario un impulso extra.
El hub, por su parte, incluye un kit de sensores que funcionan como una unidad móvil de recolección de datos del entorno inmediato. El estado de la calzada, el nivel de congestión del tráfico, la temperatura ambiente, la humedad relativa y datos medioambientales como los niveles de ruido o monóxido de carbono son recogidos por esos sensores.
El acceso a esos datos se realiza a través de un teléfono móvil acoplado en el manillar, que se comunica con el hub mediante una conexión Bluetooth. Así, ente otras cosas, se pueden planificar rutas ciclistas saludables o comunicarnos con amigos y quedar con ellos mientras pedaleamos, utilizando los mapas GPS para llegar al punto de encuentro.
Otra posibilidad de interés es la de compartir los datos recolectados con otros. Por ejemplo, con la administración local, colaborando así en la confección de una base de datos de información medioambiental.
También, mediante una aplicación instalable, es posible controlar desde el móvil acciones como el bloqueo y desbloqueo de seguridad de la bicicleta, el cambio de marchas o el funcionamiento del motor eléctrico.
Como dicen sus creadores, “la navaja suiza de las bicicletas”.
Paulos habla del concepto de “ciencia ciudadana”, o el uso de sensores en los dispositivos móviles que todos llevamos con nosotros para la recolección de datos que pueden ser utilizados por la comunidad científica en sus investigaciones.
Conveneer, una compañía sueca de software para dispositivos móviles, está trabajando en una plataforma que han llamado Mikz, mediante la que se podrá asignar una URL a los teléfonos móviles, haciendo su contenido accesible a través de Internet.
Una vez que el teléfono disponga de una URL del tipo http://joe.mikz.me, aplicaciones y servicios web podrán acceder a los datos que están bloqueados en ese teléfono -contactos, coordenadas GPS, fotos, música, tonos de llamada y otros archivos-, y el teléfono a su vez podrá hacer uso de las API que se utilizan en la Web.
Mikz crea así una interfaz web para cada móvil. Es una poderosa idea, que abre todo un mundo de nuevas posibilidades. Conveneer tiene previsto poner en marcha Mikz durante este año.
Puede parecer algo más que una frivolidad en estos tiempos de crisis económica galopante, pero seguro que habrá quienes -con crisis o sin ella- se pueden permitir caros caprichos como este Macbook Pro chapado en oro de 24 quilates y con el logo de Apple relleno de brillantes gemas.
Computer Choppers es la empresa que se dedica a “maquear” -customizar, que se dice ahora- ordenadores y otros aparatos electrónicos usando nobles metales y piedras preciosas.
Pues eso, que hay quienes no saben en qué gastar el dinero que les sobra.
Que seas el presidente de una gestora de derechos de autor -con lo beligerantes que son- y el ordenador te acuse de usar una versión no original de Powerpoint en mitad de una presentación, con todos los asistentes al acto viendo la ventanita con el aviso, debe provocar un buen bochorno.
Para aclarar el asunto han dispuesto una auditoría independiente. Y Ubiergo, por su parte, ha presentado la renuncia como presidente de la entidad. ¿Qué lío, no?
El absurdo mayor en todo esto es que existiendo programas alternativos de software libre, plenamente legales y en muchos casos también gratuitos -como OpenOffice en el asunto que nos ocupa-, las entidades de gestión de derechos de autor se obliguen a sí mismas a pagar caras licencias de software propietario sólo por ser consecuentes con ese discurso caduco que mantienen.
Si esa auditoría solicitada por la gestora chilena se realizara también en sus entitades iguales en otros países y, aún más, se extendiera a los equipos informáticos personales de los músicos y autores que con tanta docilidad defienden públicamente las agresivas consignas de sus gestores, las “copias piratas” de software aflorarían por doquier. Seguro.
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