Como le digo en un comentario a Rosa, a través de cuyo blog me entero de la noticia, resulta tranquilizador saber que la industria de fabricación de armamento se preocupa por la salud de las personas y el medio ambiente.
En este caso es BAE Systems, una de los grandes de esa industria, la que se muestra preocupada por las repercusiones negativas que para el medio ambiente pueda tener el uso de sus productos, lo que les ha llevado a investigar con el fin de reducir esos efectos perniciosos.
Así lo explican:
“Nuestras balas tienen bajos contenidos en plomo ya que el plomo usado en las municiones puede dañar el medio ambiente y supone un riesgo para las personas.”
Suena a burla, sí. Pero no es una frivolidad ni un empeño exclusivo de la industria de armamento, sino que ejércitos como el estadounidense o el británico promueven esa búsqueda de una munición más “verde”. Balas sin plomo, armas más silenciosas que reduzcan la contaminación acústica, granadas que produzcan menos humo, vehículos con menores emisiones de carbono, materiales biodegradables, medidas para el ahorro energético y el reciclaje…
Quizá la vida animal y la vida vegetal se vean beneficiadas por este “ecodiseño” del armamento moderno. Pero para la vida humana sigue quedando un problema: las armas matan.
¿Ha pensado alguien en solucionar este pequeño inconveniente?
Dice Mariano Rajoy, como ya ha dicho otras veces y repiten otros mandos de su partido, que no existe ese “conflicto” al que siempre se ha referido el entorno etarra y en el que ahora el gobierno de Zapatero pretende involucrar al Parlamento Europeo, con lo que vendría a colaborar en la consecución de uno de los objetivos perseguidos por los terroristas, la internacionalización de ese supuesto conflicto. El pecado, más allá de la manera de abordar el problema que cada cual defienda, estaría en aceptar el discurso etarra:
“Rajoy insistió en que el PP no aceptará nunca «lo que siempre ha pretendido ETA y nunca aceptó ningún Gobierno de España –ni Suárez ni Calvo Sotelo ni Felipe González ni José María Aznar– que es eso que se llama la internacionalización del conflicto».”
Lleva razón Rajoy en que ha sido una constante de la democracia española el no reproducir los términos ni los conceptos utilizados por los etarras para presentar o intentar justificar su violencia. Así sigue siendo, pese a lo que se se quiera afirmar en esa ceremonia de la confusión que pretende hacer pasar por rendición ante los etarras lo que es la búsqueda de vías hacia la paz. Y así debe ser, pues es táctica común del terrorismo en general, no sólo del etarra, magnificar el alcance y la extensión de los problemas tras los que escudan su opción por la violencia y el terror. Si es que existían tales problemas con anterioridad a los que el propio terrorismo genera.
Aceptada esta premisa general, aplicable al terrorismo de cualquier origen, no se entiende muy bien cómo aquellos mismos que jamás emplearían la terminología etarra (políticos, medios de comunicación, líderes sociales…) no encuentran reparos en reproducir ciertos términos que en el discurso del terrorismo de origen islamista radical han sido despojados de su significación original para dotarlos de un sentido más conveniente a los objetivos de los terroristas. Quizá el más conocido de estos términos sea yihad, traducido generalmente como “guerra santa”, sin más matices, trasladando una visión del Islam en su conjunto, de todos los musulmanes, que beneficia a la causa de ese terrorismo radical islamista.
Si no existe el “conflicto vasco” del que hablan los etarras, tampoco existe ese otro conflicto que llamaría al falso “yihad” que proclama Osama Bin Laden. Por no existir, ni siquiera existe el islamismo. Si en el caso vasco no hacemos el juego a los terroristas, ¿qué intereses recomiendan que se lo hagamos a los islamistas radicales?
Sin entrar a valorar lo que de verdadero o falso tengan las acusaciones, me viene a recordar esta noticia la imagen de algunas madres estadounidenses increpando a un cardenal de su país mientras se dirigía a reunirse con sus iguales durante el proceso de elección del que ahora es el Papa Católico, Benedicto XVI. El escándalo de los abusos a menores cometidos por un considerable número de sacerdotes estadounidenses estaba aún candente, y recuerdo haber visto en aquel tiempo otro documental, sobre ese tema, que me dejó perplejo.
En el caso de uno de los sacerdotes acusados de abusos, que incluso era entrevistado en el reportaje, la respuesta de la jerarquía católica de la ciudad donde se encontraba su parroquia, en colaboración con las autoridades civiles de esa misma ciudad, había sido influir en los padres para que no presentaran denuncia alguna. La principal preocupación de la Iglesia era que el hecho se silenciara. Y el sacerdote acusado sólo fue trasladado de ciudad, a una nueva parroquia en la que, echémonos a temblar, se le puso al cargo de la juventud parroquiana.
El ejemplo ilustra sobradamente el grado de preocupación de esas jerarquías eclesiásticas por los menores violentados. Y viene a reafirmar que la Iglesia, en esos casos, piensa antes en evitar el escándalo que en hallar la verdad que pueda haber tras las acusaciones. Incluso en el caso de que fueran infundadas y el sacerdote implicado resultara ser inocente.
No sé qué opinaría el arzobispo de Birmingham si es que vio aquel documental, pero es más creíble una Iglesia que reconoce sus errores pasados y se compromete a vigilar para que no se repitan que aquella dispuesta a saltar a la defensiva, soberbia e indignada, ante la más mínima acusación.
Porque estamos hablando de abusar de unos niños, arzobispo, no de cualquier cosa. Más importante que ellos, ni el Papa de Roma.
Como otras empresas del sector, que tampoco es la única, la compañía de Steve Jobs ha ido respondiendo, si bien tímidamente, a las presiones de las campañas que en Estados Unidos vienen reclamando el reciclaje del hardware ya obsoleto, con sustancias nocivas para la salud y el medio ambiente entre sus componentes, como el plomo, el cadmio o el mercurio. Pero las medidas tomadas al respecto se circunscriben a EE.UU. u otros países occidentales y, mientras Apple se preocupa más por amenazar a quienes usen el término común “pod” -que pretende en propiedad-, niños de China, India y otros países en desarrollo siguen expuestos al contacto con esos materiales tóxicos.
We love Apple. Apple knows more about “clean” design than anybody, right? So why do Macs, iPods, iBooks and the rest of their product range contain hazardous substances that other companies have agreed to abandon? A cutting edge company shouldn’t be cutting lives short by exposing children in China and India to dangerous chemicals. That’s why we Apple fans need to demand a new, cool product: a greener Apple.
Dice Greenpeace que ésta no es una campaña contra Apple, sino para mejorar esa compañía y convertirla en referente de buenas prácticas en el respeto a la salud medioambiental y de los consumidores, en empresa que marque el estándar ecológico que otras tiendan después a perseguir.
No es mal empeño luchar porque las empresas sean “más verdes”. No sólo Apple, ni sólo las compañías de fabricación de hardware. Pero hay otro aspecto de la noticia que no podemos obviar. Mientras les imponemos nuestras reglas económicas o pretendemos que piensen como nosotros, seguimos despreciando a gran parte de la población mundial, a aquellos que no son, como solemos denominarnos, “occidentales”. Les utilizamos como mano de obra barata, como masa de nuevos mercados emergentes también en muchos casos, pero no nos preocupamos de proveerles de los mismos derechos que concedemos al consumidor occidental, al ciudadano occidental. Quizá debiéramos también empezar a corregir esa insana práctica.
En cuanto a Apple, he visto por la web que algunos maqueros se levantan ya en armas dialécticas contra Greenpeace. Que no se ofusquen, que la pureza tiene ese inconveniente. Cuanto más se presume de ella, más se dejan ver las verguenzas cuando asoman.
Ya puedo ver en este blog los videos de YouTube. En Firefox, que en otros navegadores se veían perfectamente. Y para celebrarlo nada mejor que un bailecito:
El asunto es que había instalado un plugin -del que por ahora no hablaré, pues funciona a la perfección en muchos blogs y no quiero confundir al personal- para facilitarme esos menesteres de incluir videos en los posts. Pero por razones que aún no he descubierto del todo, aunque seguiré en ello cuando tenga más tiempo, me resultaba imposible ejecutar los videos en Firefox.
La solución ha sido regresar a lo primitivo, escribir directamente en el editor de WordPress el código que ofrece YouTube. Pero introduciendo unas variaciones para transformarlo en código válido en XHTML -el que proporciona YouTube no lo es- que circulan ya por Internet desde hace tiempo, explicadas en muchos sitios, y que reproduzco aquí por si a alguien le pudieran venir bien.
En primer lugar, dentro del administrador de WordPress, hay que ir a Opciones >> Escritura y desactivar las opciones “Utilizar el editor visual para escribir” y “WordPress corregirá de forma automática el HTML incorrectamente anidado”.
Una vez deshabilitado el editor visual, ya podemos escribir en nuestro post el código del video, sustituyendo el que nos proporciona YouTube (con el ID del video representado por “XXXX”)
Entre los cambios de un código a otro podemos ver que se ha suprimido la etiqueta embed, no soportada ya en XHTML, o se han corregido los cierres de la etiqueta param, además de encerrar los atributos width y height dentro del elemento style.
No obstante, como decía antes, seguiré investigando la posible solución al problema que tenía cuando tenga tiempo. Si la encuentro, ya os lo contaré. De momento, que no es poco, parece que los videos se ven ya bien.
Y la culpa de todo esto, que se entere todo el mundo, la tiene NetoRatón, por meterse a poner videos en su blog. No podía ser posible que los suyos se vieran y los míos no. ¡Que no, que no!
Si tienes una pequeña empresa o eres un profesional independiente sin posibilidades de costear una campaña de marketing, o simplemente quieres promocionar tu web o tu blog, Egaroo puede ser una solución publicitaria. Así mismo definen ellos el objetivo de su portal de banners:
That’s why egaroo’s goal is to become an on-line community of businesses, independent professionals and individuals with the opportunity to compete under the same conditions, leaving aside boring adwords or expensive banner campaigns designed only to those able to pay the most or with larger budgets.
La idea es sencilla. Un portal repleto de banners, que deben tener unas dimensiones de 468 x 60 píxeles, sin que carguen costes por click ni nada de eso, sino un único pago anual de 100 dólares por cada banner expuesto. Aunque están estudiando la posibilidad de ofrecer el servicio de forma gratuita.
No sé cual será el alcance real de este proyecto ni la utilidad que podrá llegar a tener, pero a mí se me están ocurriendo algunas ideas. Quizá se las cuente a Mr. Black.
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