Y aunque los medios españoles se hacen eco, la tónica general parece seguir siendo buscarle al asunto las vueltas políticas -las de la lucha entre partidos- en lugar de reflexionar en profundidad sobre el origen y el alcance del problema.
Porque la corrupción no es territorio particular que transitan unos cuantos, sino patria común de casi todos, que de forma directa o indirecta nos beneficiamos de ella. O eso parecen pensar muchos.
La corrupción también crea empleo, proporciona contratos, genera consumo… Panes para hoy que a veces nos ciegan hasta no dejarnos ver que el hambre que así mismo ocasiona no nos vendrá sólo a atacar mañana sino que nos invade ya de manera simultánea. Quizá sean panes, pero son panes duros y difíciles de digerir. Panes envenenados.
En esto de la percepción real de la corrupción, como en muchas otras cosas, también debiéramos aprender de aquellos a quienes cerramos -¿será que nos creemos mejores que ellos?- nuestras europeas puertas:
Y una pregunta final. ¿Qué grado de responsabilidad tiene nuestro primer mundo en el florecimiento de la corrupción en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo?
¿Qué responsabilidad tenemos cada uno de nosotros?
Nuevos métodos más sutiles que la prohibición expresa y abierta, que pueden llevar a los medios a la necesidad de aplicar la autocensura si es que quieren subsistir. Y que se practican no sólo en aquellos países donde los problemas con la libertad de prensa son bien conocidos, sino también en otros donde esa situación no es tan evidente.
Me recordaba esta lectura una conversación con Luis Carlos Díaz, a través de mensajes directos en Twitter, no hace mucho tiempo, cuando el movimiento en defensa de la libertad de prensa en Venezuela bullía a todas horas en esa misma red de microblogging mediante el uso de la hashtag #FreeMediaVe.
Comentaba entonces a Luis Carlos mi impresión sobre la “infiltración” en el hilo de mensajes con esa tag de usuarios no venezolanos y quizá hasta ajenos a los propósitos de su uso. Y que más parecían aprovechar la coyuntura para dar rienda suelta a su antichavismo, pero con mensajes poco apropiados -en algunos casos con verdaderas barbaridades- para la causa que se pretendía defender.
Progolpistas hondureños o uribistas acérrimos, entre otras suertes de antichavistas, se habían adueñado de la tag para -en mi opinión, dado el cariz de muchos de sus mensajes- colaborar más en el desprestigio de esa causa que en su defensa.
La pista sobre esa incursión externa me la dio una respuesta a un tweet mío en el que enlazaba a un artículo de prensa donde el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, no salía muy bien parado. En un tono entre la burla y la ofensa -lo que ya dice mucho de su autor, a quien no conozco de nada-, el mensaje de respuesta venía a cebarse en mi supuesta ignorancia por dar crédito -también supuestamente, pues sólo tuiteé el enlace, sin ofrecer opinión personal alguna sobre su contenido- a lo que en ese artículo se afirmaba.
Pero lo que más me sorprendió fue ver, cerrando el mensaje, la tag #FreeMediaVe.
Principalmente, porque no pintaba nada en el contexto de nuestros mensajes, ajeno totalmente a la situación sufrida en Venezuela.
En segundo lugar, porque el tono de la respuesta no animaba a imaginar a su autor como muy respetuoso con la libertad de expresión ajena, premisa indispensable para solicitar el respeto por la propia.
Y finalmente, porque conociendo la triste trayectoria reciente del periodismo colombiano, con demasiados periodistas asesinados y exiliados a voluntad para huir de ese más que posible trágico fin, me costaba creer que a quien tanto parecía molestar que se criticara a Uribe le importara lo más mínimo la libertad de prensa, ni en su país ni en el vecino.
La realidad es que, curiosa y paradójicamente, pese a la caída en picado de la libertad de prensa en Venezuela, tanto Honduras como Colombia, países desde los que defensores enconados de sus respectivos gobiernos -el del golpista Micheletti y el de Uribe- enviaban encendidos mensajes al canal #FreeMediaVe, se encuentran aún en peor situación que la provocada hasta el momento por el gobierno de Chávez:
[...] La otra evolución que destacar concierne evidentemente Honduras (128º), ya de por sí con mala clasificación, donde el golpe de Estado del 28 junio 2009 le costó caro a la libertad de prensa. Predador de los medios de comunicación que no gozan de su favor, el gobierno golpista desplegó una verdadera estrategia de “silencio” de la información en detrimento de la prensa internacional. [...]
[...] El otro retroceso importante concierne a Venezuela (124º), que cuenta con un periodista asesinado en un contexto de inseguridad elevada, y donde el gobierno de Hugo Chávez modifica permanentemente las reglas para eliminar progresivamente cualquier prensa crítica del paisaje audiovisual hertziano. La confiscación inopinada, en agosto de 2009, de las frecuencias de 34 canales y emisoras regionales, responde directamente a este objetivo. El país, ya en mala posición en la clasificación anterior, se encuentra ahora entre los países peor considerados del continente en materia de libertad de prensa, no muy lejos de Colombia (126º) y México (137º ex aequo). En estos dos países, la violencia ambiente, que genera autocensura y temas tabús, se debe también y por mucho a los representantes de la fuerza pública. [...]
Con Cuba a la cabeza de los países latinoamericanos con menos libertades, en el puesto 170 de un total de 175 países, los cuatro citados en los párrafos anteriores, con su posición en la lista entre paréntesis, son los que la siguen inmediatamente.
La sensación que queda tras revisar el informe -ampliada con las denuncias en la Asamblea de la SIP-, es que Latinoamérica en su conjunto parece suspender en esa asignatura de la libertad de prensa. Una deriva preocupante, pues sin una prensa independiente la libertad de expresión se ve también mermada, y con ambas disminuidas es la calidad democrática la que mengua irremediablemente.
Esta es una de esas iniciativas sencillas pero eficaces, que cumplen su buen cometido social. Vestidos premamá extensibles, que pueden ser usados en todo momento: antes, después y durante el embarazo.
La ventaja más evidente es esa del multiuso, especialmente en lugares donde las condiciones económicas no permiten a las mujeres muchos gastos en vestuario. Pero además, en este caso, la elaboración de esos vestidos supone una fuente de trabajo para mujeres de mediana edad en Bogotá, ciudad de origen de su creadora, Marisol Rodríguez.
Tuvo esta idea Marisol siendo estudiante de diseño industrial en la bogotana Universidad de los Andes, mientras su cuñada estaba embarazada esperando su primer bebé, y la inspiración le llegó a través del origami, el arte del plegado de papel de origen japonés. Pero su traslado a Estados Unidos para desarrollar su carrera profesional le hizo arrinconar temporalmente el proyecto.
Aunque Marisol no olvidaba la situación en su país, en particular la de las mujeres sobre la cincuentena, ya mayores para ser contratadas en el mercado laboral pero aún lejos de la edad de jubilación. Así que junto con su madre creó un pequeño taller en Bogotá donde fabricar sus vestidos al tiempo que se da empleo a algunas mujeres en esa franja de edad.
La creadora no deshecha la idea ampliar el negocio, mejorar las condiciones técnicas de producción e internacionalizar las ventas, pero advierte que la intención es crear puestos de trabajo locales, no eliminarlos, y que el objetivo más inmediato es dotar a las trabajadoras de un sistema laboral que incluya la cobertura médica.
Por eso madre e hija están satisfechas con los pequeños progresos que van consiguiendo. «En este momento el “beneficio” -explica Marisol- es poder decir que una persona que ayer estaba sin empleo está trabajando hoy».
Mucha suerte a Marisol y su madre con su proyecto. Se la merecen.
Y de entre los diferentes testimonios se me quedó grabado especialmente el de la indígena kankuama Delma Chaparro, de la Sierra Nevada de Santa Marta. Ella, que camina a diario ocho kilómetros para llevar al colegio a unos hijos que hubieron de presenciar cómo los paramilitares asesinaban a su marido, se hace la pregunta que nadie quiere responder:
Todos, casi la mayoría, es raro el que no diga a mí me mataron un hermano, un primo, un tío, una mamá, un abuelo, un hijo… Casi la mayoría.
¿Por qué? No sé.
Ese “por qué”, y su propia respuesta, son como un brote de razón en mitad de una tragedia alimentada por una sinrazón que no se entiende sin la pasividad o incluso la connivencia del poder político.
Las paredes de ladrillo sin encalar de las humildes casas del barrio El Progreso, en las afueras de Bogotá, se revisten con fotografías de gran tamaño mostrando escenas del barrio, capturadas por algunos de sus más jóvenes vecinos.
“Disparando Cámaras para la Paz” ofrece a esos jóvenes -que viven en una situación de riesgo social, agravada por la cercanía de los conflictos armados- una oportunidad de expresarse a través de la fotografía, interviniendo positivamente en sus vidas con la esperanza de ayudarles a romper esa dinámica vital a que parecen estar abocados.
Y es que a veces las cosas que nos parecen más importantes son las que más vamos postergando. Pero como nunca es tarde si la dicha es buena, hoy por fin me he decidido a escribir sobre ese maravilloso proyecto que desde los altos de La Loma le explica al mundo que hay una Colombia de gran valor humano de la que los medios de comunicación apenas nos hablan.
Como decía Xady, miembro de HiperBarrio, en un comentario a la noticia en PC, “hay que mostrarle a la ciudad y al país las verdaderas historias de vida que hay en todos los pueblos, barrios, comunas…”.
En esa biblioteca fue donde me encontré con ellos, después de un interminable ascenso en microbús desde la estación de metro de San Javier. Su recibimiento fue de lo más amable y afectuoso -algo que tampoco me podía extrañar después de casi un mes de estancia en Medellín, ciudad de acogedoras gentes-, y pronto pude comprobar el ambiente de compañerismo y entusiasmo que reinaba en el grupo.
Gabriel Jaime Vanegas, con quien había contactado por mail para organizar aquel encuentro, me enseñó la biblioteca, explicándome alguno de los proyectos en marcha, como un taller de lectura para los niños del barrio. Y también la zona de ordenadores, desde los que la gente que acude a la biblioteca se puede conectar a Internet y sirven además para esa labor de formación que el grupo desempeña, adiestrando a los más jóvenes en las labores de publicación en la Red.
Los blogs, que en otros lugares ya han perdido su aura mágica y liberadora, recobran todo su sentido y su capacidad de transformación social en las pantallas de esos ordenadores de La Loma, donde la posibilidad de comunicar al mundo hechos y sentimientos amables, habitualmente olvidados tras titulares de tragedia y desesperanza, es como un añorado milagro hecho realidad.
Lo expresa a la perfección Catalina Restrepo, hablando sobre la idiosincrasia de La Loma y la gestación de HiperBarrio:
“Es muy bonito”.
Quizá no haya mejor definición para la sensación que debe proporcionar el aportar y destacar una visión positiva de su barrio, donde no siempre la vida ha sido fácil pero no por ello ha dejado de ver crecer en sus calles chicos y chicas de enorme valía y gran corazón.
Gabriel habla de ese empeño, que comenzó con el planteamiento de rescatar la memoria histórica de La Loma para convertirse en regenerador de una paz que ojalá nunca se hubiera visto truncada:
Se puede adivinar lo necesario y valioso del proyecto HiperBarrio escuchando sus palabras y razones, pero esa percepción se acentúa compartiendo un rato con ellos en la biblioteca. Sólo estando allí se puede intentar -sólo intentarlo- llegar a comprender lo necesario que es y el caudal de cariño derrochado para sacarlo adelante.
Podría seguir escribiendo sobre la multitud de sensaciones -todas gozosas- que aquel rato con ellos me regaló. Pero tampoco es cuestión de aburrir a la audiencia con un post aún más kilométrico. Y lo esencial, lo importante, se descubre -como antes decía- oyendo sus testimonios.
Sólo me resta confesar -pues no sé si alguna vez lo he hecho- que cuando subía de nuevo al microbús para bajar de regreso a la ciudad me apenaba separarme de aquel grupo de jóvenes que amablemente nos habían acompañado hasta la parada, a Esmeralda y a mí, para despedirnos. Dos días después regresaba a España y no sabía cuándo tendría la oportunidad de estar con ellos de nuevo. Y sentía que el tiempo pasado a su lado en la biblioteca había sido muy poco.
Aunque ese tiempo escaso me sirvió para aprender muchas cosas importantes. O también recordar algunas que tenía olvidadas o no lo suficientemente presentes.
Gracias a ConVerGentes por ese impagable regalo.
En la foto que encabeza este post -junto al señor con camiseta negra y bigote, que soy yo- los siguientes ConVerGentes, de izquierda a derecha:
Demotix: 14.000 reporteros ciudadanos en 110 países La agencia de información ciudadana Demotix continua su ampliación a través de nuevos servicios y reconocimientos como el premio SXSW 2010 Web Awards, en el que son finalistas. Además, acaban de lanzar un nuevo visualizador de imágenes: Demotix ...
África a la cabeza de la innovación con “Ushahidi” En el nuevo panorama de los medios de comunicación, vemos como la participación ciudadana se va integrando cada vez con nuevos formatos informativos como los mapas, que nos permiten geolocalizar la información con una velocidad y precisión muy di...
e-STAS y el empoderamiento ciudadano Hoy finaliza en Málaga, la V edición de e-STAS, el “Symposium de las Tecnologías para la Acción Social” organizado por la Fundación Cibervoluntarios.
Entre los numerosos participantes internacionales asistentes hemos podido escuchar a Gaur...