Y de entre los diferentes testimonios se me quedó grabado especialmente el de la indígena kankuama Delma Chaparro, de la Sierra Nevada de Santa Marta. Ella, que camina a diario ocho kilómetros para llevar al colegio a unos hijos que hubieron de presenciar cómo los paramilitares asesinaban a su marido, se hace la pregunta que nadie quiere responder:
Todos, casi la mayoría, es raro el que no diga a mí me mataron un hermano, un primo, un tío, una mamá, un abuelo, un hijo… Casi la mayoría.
¿Por qué? No sé.
Ese “por qué”, y su propia respuesta, son como un brote de razón en mitad de una tragedia alimentada por una sinrazón que no se entiende sin la pasividad o incluso la connivencia del poder político.
Hace ya un año que Brad Will, documentalista y colaborador de la red Indymedia en Nueva York y en América Latina, perdió la vida cuando fue alcanzado por las balas mientras cubría la lucha de los movimientos civiles locales contra el gobierno de Oaxaca liderado por el gobernador Ulises Ruiz.
Sus presuntos asesinos fueron identificados como sicarios y funcionarios de ese gobierno, pero a principios de diciembre de 2006 el gobierno de Oaxaca liberó a Abel Santiago Zárate y Orlando Manuel Aguilar Coello, regidor de Seguridad Pública de Santa Lucía del Camino y suboficial de la Policía Municipal respectivamente, bajo el argumento de “desvanecimiento de datos”.
Ambos se encontraban detenidos acusados del asesinato de Brad y las sospechas sobre la impunidad con que actuaban, con la complicidad y amparo del gobierno, se acentuaban con su puesta en libertad.
Desde entonces se ha venido pidiendo justicia por ése y otros asesinatos, y ahora, a un año de su muerte, se ha hecho pública una Carta Abierta Internacional exigiendo la investigación de los hechos y el procesamiento de los culpables, así como el fin de la impunidad en México:
Carta abierta Internacional
Al igual que tantos otros periodistas, defensores de derechos humanos, activistas sociales y líderes indígenas, la muerte de Brad Will, periodista y documentalista de Indymedia New York asesinado en Oaxaca el 27 de octubre de 2006, continúa impune.
A un año de estos hechos, hacemos pública nuestra indignación ante esta situación, y mantenemos firme nuestra exigencia al cumplimiento y respeto de los derechos humanos, y a que se llegue a la verdad sobre los hechos que ocasionaron su muerte a través de una investigación seria e imparcial, así como al procesamiento de los responsables.
Lamentablemente es muy larga la lista de casos impunes en la agenda de la justicia en México, lista que continúa creciendo día a día; pero queremos hacer saber que para nosotros no existe tiempo, distancias ni fronteras para continuar exigiendo por Brad y todas las víctimas de Oaxaca.
Porque no nos rendimos, no nos callamos, y no l@s olvidamos:
Con demasiada frecuencia oímos hablar del exceso de violencia en los vídeojuegos, y cuando éstos adoptan como escenario el de un conflicto militar el objetivo del juego suele ser matar y vencer.
PeaceMaker viene a romper con esa constante. Ambientado en el entorno del conflicto palestino-israelí, el jugador puede adoptar los papeles del primer ministro israelí o el presidente palestino para lograr alcanzar la paz en la región.
Nadie da duros a peseta, decíamos por aquí hasta que el euro se instaló en nuestras vidas. Quizá por eso el Congreso de EE.UU. ha condicionado su apoyo a un nuevo remanente de fondos para la guerra de Irak a la aprobación en ese país de una ley para el petróleo que viene a reforzar las tesis de quienes siempre han visto en el control de los recursos petrolíferos iraquíes más fundamento como una de las motivaciones de esa guerra que en todo aquello de las armas de destrucción masiva, de librar a Irak y al mundo de un tirano o, bendita cruzada, de plantar allende el mundo supuestamente civilizado las banderas de la libertad, la democracia y demás pamplinas demagógicas.
El trasfondo de la ley propone dejar el control y explotación de la mayoría del petróleo iraquí en manos de empresas extranjeras y también incluir a éstas en un organismo de nueva creación, el Iraqi Federal Oil and Gas Council, que sería el encargado de tomar todas las decisiones relativas al petróleo en aquel país.
Si París bien pudo valer una misa, parece que el petróleo iraquí bien vale una guerra. Con todos sus muertos.
Las tensiones entre Occidente e Irán por el programa nuclear de este país no parecen remitir. Mohamed ElBaradei, director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), ha pedido a Irán que detenga voluntariamente su programa para que las conversaciones se restablezcan dentro de un clima de confianza. Pero también opina que el uso de la fuerza que algunos ya apuntan como último recurso sería una locura.
Los que hablan de esa posibilidad de usar la fuerza, de la guerra, son Israel y Estados Unidos. En este último país, además, parece que el terreno se fuera preparando. El almirante de la Armada Michael Mullen, recomendado al presidente George W. Bush como nuevo Jefe del Estado Mayor conjunto, ha declarado que está a favor de una solución diplomática en el contencioso con Irán. Pero a renglón seguido, sin dar más detalles ni explicaciones, ha acusado a ese país de ayudar a la insurgencia en Irak y Afganistán. O sea, de colaborar con aquellos que matan soldados estadounidenses:
“I’m concerned about what Iran’s doing in Iraq and Afghanistan, you know, broadly providing capability to which we are losing American soldiers on the ground and Marines on the ground, and I consider that not to be acceptable.”
Su primera apuesta por la diplomacia pierde el sentido ante su siguiente afirmación. Más suena al discurso de siempre: los buenos no querrían llegar a la guerra, pero los malos no dejan más opción. Armamento nuclear y apoyo al terrorismo. Casi un calco de las excusas que propiciaron la guerra de Irak.
En Is Iran Next? también piensan que la guerra sería una locura, y han elaborado una lista de contactos con las direcciones de los neocons más influyentes y cercanos a Bush. El objetivo de la campaña, inundarles a mensajes con una sugerencia concreta: Iran? Think Again.
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