En las sociedades donde la libre expresión es respetada, los blogs que tratan asuntos políticos o sociales recogen con más frecuencia de la deseable la voz de gente que utiliza ese derecho no ya para expresar su opinión con libertad sino para lanzar alegre y gratuitamente insultos, difamaciones y otros exabruptos sin fundamento ni utilidad.
Lo comprobaba una vez más hace un par de días, cuando entre divertido y perplejo me redescubría a mí mismo y a los amigos que me invitaron a participar desinteresadamente en el proyecto Ahora Bolivia, Rosa y Sebas, como peones en la sombra del Imperio o farsantes a las órdenes de la derecha boliviana. En elucubrar insensacetes así es en lo que parece que algún que otro “iluminado” con tanta ignorancia como atrevimiento decide malgastar ese inestimable derecho al libre pensamiento y la libre expresión.
La cosa, en este caso concreto, no deja de tener su gracia, y una importancia sólo relacionada con el sentido del ridículo que tengan esos aventurados teóricos de lo desconocido para ellos. Esto es, si acaso lo tienen, deben comenzar a preocuparse. El ridículo lo han hecho. Y de qué manera.
Pero el punto jocoso empieza a diluirse si pensamos en toda esa gente que en muchos lugares del planeta quisiera poder disponer de esa misma libertad, o quizá tan sólo de una parte de ella, para poder expresar sin temor a represalias ni castigos su opinión acerca de la realidad cotidiana que han de vivir, de las injusticias sociales que sufren, del despotismo que les gobierna.
Desgraciadamente, aún son demasiados, en demasiados lugares. Pero también, de entre todos ellos, son cada vez más los que aún a riesgo propio deciden buscar vías de expresión para que sus voces puedan escucharse y su realidad llegue hasta nosotros. Y es nuestra responsabilidad, como ciudadanos libres y comprometidos con la causa de la libertad, el apoyarles en la medida de nuestras posibilidades en ese empeño.
Abría el debate entre ambos la pregunta de un ciudadadano sobre cierto método de interrogación considerado por muchos tortura y que es motivo de polémica en aquel país, el “waterboarding”:
Romney, aunque afirmando oponerse a cualquier forma de tortura, respondía con un discurso ambiguo y reticente a calificar de tortura esa práctica, utilizando el argumento de que no es tarea de los candidatos presidenciales decidir que tácticas de interrogatorio se deben usar o no, a la vez que defendía la existencia de la prisión de Guántanamo:
McCain le replicaba con su conocida postura contra la tortura y afirmando, en oposición a Romney, que sí es el uso o no de ciertas prácticas cuestión de los candidatos presidenciales, que como aspirantes a futuros jefes supremos de las Fuerzas Armadas han de definir claramente su posición a ese respecto.
Interesante que en el seno del partido republicano se aborde un debate que está en la sociedad y que haya quienes como McCain se atrevan a expresar una opinión concreta frente a la interesada y estratégica indefinición de políticos como Romney. Hay cuestiones que no admiten medias tintas. La permisividad o el rechazo frontal de los gobernantes democráticos frente a la tortura es una de ellas.
En teoría, ese tema de la pobreza y las ayudas, en particular a África, es uno de los asuntos principales en la agenda del G8 para esta reunión. Como lo es también el explorar medidas para combatir el cambio climático.
Pero la sensación que hoy transmiten los diarios es otra. Las amenazas de Putin y su disputa con Bush sobre la cuestión del escudo antimisiles que EE.UU. pretende construir en la Europa del Este desplazan ya a la agenda previa a un segundo lugar.
No es nada nuevo. La principal preocupación de los dirigentes que acuden a las reuniones del G8 son los intereses particulares de sus respectivos países. Lo demás, las declaraciones finales sobre la pobreza, el cambio climático y otros asuntos globales, parecen ser sólo la excusa que reafirma su poder. Sólo ellos pueden decidir qué medidas tomar para solucionar los problemas, y juegan a demostrarlo en cada cumbre. Pero luego nunca las toman. No tenían intención de hacerlo.
Las cosas no van a ser de otra manera en 2007. Es muy significativo que el gobierno alemán ha declarado que la principal preocupación de la Cumbre es “la seguridad de las inversiones”. La forma actual de globalización ha producido y continúa produciendo numerosos perdedores, y apenas un puñado de ganadores.
Uno de esos perdedores es la justicia social. La pobreza y la polarización social aumentan en todo el mundo. Al tiempo que la cifra de personas que se enfrentan al riesgo de muerte por inanición se ha elevado de 840 a 854 millones en los diez últimos años, la ínfima cantidad de millonarios y gente acaudalada ha visto duplicada su riqueza, de 16 a 33 trillonesde dólares. Otro grupo que se beneficia de tal clase de globalización lo constituyen los denominados “jugadores globales”, como inversores institucionales y entidades multinacionales. De modo simultáneo, la pobreza y la incertidumbre social continúan aumentando, incluso en los países más desarrollados.
La esperanza en las soluciones que provengan del G8, como se ve, no es mucha. Y el que pongan barreras para alejar las protestas o los medios sólo destaquen de éstas las más violentas colabora en el silencio de las voces que pacíficamente reclaman a los poderosos un mayor compromiso con la humanidad en su conjunto:
Veremos en qué quedan las cosas este año. ¿Nos darán la alegría de demostrarnos que nuestro pesimismo es infundado?
Un estudio de OpenNet Initiative sobre 40 países más los territorios palestinos desvela que al menos en 25 de esos países los respectivos gobiernos aplican “filtros” para impedir el acceso a diferentes sitios de Internet.
La censura puede responder a cuestiones políticas, de carácter social o de seguridad, aunque a menudo un mismo gobierno emplea “filtros” para contenidos muy diversos, y sólo en algunos casos -como Arabia Saudí, Omán o los Emiratos Arabes Unidos- el usuario recibe información puntual acerca de los motivos por los que se le impide el acceso.
De acuerdo con el estudio, China, Irán, Myanmar, Siria, Túnez y Vietnam son los países que presentan más censura política. Y de nuevo Irán y Túnez, más Omán, Arabia Saudí, Sudán, los Emiratos Arabes Unidos y Yemen, los más estrictos en cuestiones socio-culturales, como el juego, la pornografía o la homosexualidad.
Según John Palfrey, de la Escuela de Derecho de Harvard -una de las cuatro entidades académicas que participan en OpenNet Initiative-, sólo un par de países aplicaba “filtros” en el año 2002. La expansión de tal práctica censora ha sido, por lo tanto, muy notable.
Es una manifestación más dentro del conjunto de iniciativas y actos conmemorativos con que los británicos rinden tributo a los millones de personas que sufrieron la esclavitud, entre los que destaca una instalación interactiva, The Dark, que recorrerá el país para permitir que los ciudadanos conozcan de cerca cómo era la vida a bordo de un barco de esclavos del siglo XVIII.
La marcha forma asimismo parte de la respuesta que la Iglesia de Inglaterra da a la campaña Set All Free por el fin de la esclavitud, y es también culminación de la primera etapa de The March of Abolitionists, fase final de un viaje emprendido en el año 2000 por The Lifeline Expedition con representantes de diferentes países recorriendo las naciones involucradas en el proceso esclavista -en Europa, el África Occidental y el Caribe-, que pasó por España en el 2003.
Tras estas iniciativas existe un espíritu de reconciliación y petición de perdón a las víctimas de lo que fue un “holocausto negro”, que condenó a la esclavitud a millones de africanos y costó la vida a muchos otros más.
Pero no sólo miran al pasado estas iniciativas. También nos quieren recordar que hoy por hoy sigue existiendo la esclavitud, el trabajo forzoso, el tráfico de personas, la explotación infantil… Sólo en este último apartado, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, trabajan en el mundo más de 200 millones de niños de entre 5 y 14 años. Buena parte de ellos en condiciones de trabajo deplorables e incluso peligrosas.
Como sugieren en Yokes and Chains, deberíamos preguntarnos por qué, si la esclavitud es ilegal, hay actualmente 12 millones de personas en el mundo viviendo como esclavos de severidad. O por qué, en muchos casos, los descendientes de los esclavos se encuentran entre los más desfavorecidos económicamente o siguen sufriendo la presión de quienes pretenden mantenerlos socialmente excluidos.
Las “personas libres” nunca lo seremos plenamente mientras no logren serlo todas las personas. Lo dijo San Agustín. Y también Bakunin:
“Yo soy libre solamente en la medida en que reconozco la humanidad y respeto la libertad de todos los hombres que me rodean.”
Se puede encontrar más información sobre la esclavitud pasada y presente en el especial “Esclavitud: el comienzo del fin” de BBC Mundo.
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