Dice Alfanhui que Rajoy está loco. La verdad es que ese brillo que últimamente se le enciende a menudo en la mirada, cuando adopta ese papel de demagogo salvapatrias que no le cuadra mucho pero se empeña en representar, no es precisamente el brillo de la cordura más inspirada.
Sin embargo, hay que reconocer también que el hombre no lo ha tenido fácil. Aunque aparentemente califa dentro de su partido, ha tenido que sobrellevar la triste realidad de saberse de hecho sólo visir, en un califato en el que la inteligencia y la sensatez son cualidades poco valoradas y lo que prima, si es que uno quiere prosperar, es decir barbaridades sin parar poniendo cara de estar en posesión de la verdad más necesaria. Es decir, intentar pasar por el más listo a base de decir tonterías. Difícil papeleta, tenemos que reconocerlo.
La frase que cita Alfanhui y que hoy le dedicaba Rajoy al presidente del Gobierno es un buen ejemplo:
“Si usted no cede, le pondrán bombas, y si no le ponen bombas es porque ha cedido.”
Esto quiere decir que ETA no deja de poner bombas porque sí, sino sólo cuando se le hacen concesiones. Luego, lógicamente, si ETA declaró alguna tregua mientras gobernaba el PP, éste tuvo que ceder ante los terroristas para que dejaran de poner bombas. O a lo mejor no. Igual es que a los etarras en aquel tiempo el gobierno de Aznar les imponía un respeto tremendo.
No sé si Rajoy será alguna vez califa de verdad y no sólo de pega. Pero méritos los hace. Cada vez son más grandes las tonterías que dice.
La manifestación contra el terrorismo no es en realidad contra ETA, sino contra el PP, cuya destrucción es el objetivo de Zapatero desde que ganó las elecciones.
Sí, lo ha dicho Acebes, después de una semana en la que su partido se ha estado burlando de todos con el asunto de la manifestación y presumiblemente alguno de sus compañeros, presidente regional para más delito, grabó a escondidas una intervención del presidente del gobierno, dentro de la Conferencia de Presidentes Autonómicos, para filtrarla a la prensa -o lo que quiera que sean esos medios- que les es afín.
Al ministro Jordi Sevilla esto último le produce asco. A mí me da verguenza ajena. Por el comportamiento de esos políticos de medio pelo y porque existan quienes en lugar de exigirles como votantes suyos que se comporten con un mínimo de dignidad aún les aplauden los embustes y las fechorías.
Pero todo esto no quita para que Acebes sea un gran cómico. Nadie como él para soltar tontería tras tontería, de ésas que provocarían carcajadas si el trasfondo no fuera tan grave, sin perder en ningún momento su peculiar expresión avinagrada.
Ha sido Federico Luppi, sin rodeos ni medias tintas, como no hay otra forma de expresar la verguenza ajena -por usar un calificativo suave- que causa contemplar a diario esa espiral de despropósitos, bajezas, inmoralidades y desprecios a la ciudadanía que parece ser desde hace ya un tiempo el único camino que el Partido Popular está dispuesto a transitar hasta ver cumplidas sus obsesivas y enfermizas aspiraciones de poder.
Su última burla, encadenando excusas imposibles para disculpar su no asistencia a la manifestación por la paz y contra el terrorismo -a la que de cualquier forma sabemos que no pensaban acudir, por si es que creen habernos engañado en algún momento-, sólo demuestra, por enésima vez, cuáles son sus prioridades y dónde se sitúan sus principios. Y en cuánto valoran la inteligencia de buena parte del pueblo español.
Cualquier democracia, para funcionar de una manera mínimamente saludable, necesita de la alternancia en el poder y de la oposición responsable al gobierno de turno. La pantomima que permanentemente viene representando el actual Partido Popular nos debería hacer temblar ante la posibilidad de lo primero si es que dentro del propio PP no hay nadie capaz de reaccionar y reconducir a ese partido por la vía de lo segundo, de la política responsable y respetuosa con la dinámica democrática.
España, la misma con la que se les llena la boca cuando la usan de escudo o coartada para intentar justificar sus sinrazones, se merece algo mejor.
No sé si hay alguien que pueda asegurar, con total sinceridad, que se ha visto sorprendido por el atentado de ETA en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas. Que no deseáramos que sucediera, o incluso confiáramos en ello, no quiere decir que no albergáramos también el temor de que en cualquier momento la banda terrorista decidiera mostrar que sigue viva y activa, como por otra parte ya ha hecho demasiadas veces.
En realidad, las demostraciones de su presencia también se han venido ya dando últimamente en forma de violencia callejera o de baja intensidad. El pretender decirnos que están ahí, que pueden golpearnos cuando quieran, ha sido una constante en la trágica trayectoria de terror de ETA, particularmente en los momentos en los que se ha puesto en duda su capacidad operativa o se ha insinuado la posibilidad de su derrota. No es de extrañar, pues, que hayan querido hacernos saber de nuevo quiénes son.
No hubiera hecho falta. Sabemos de sobra, desgraciadamente, de su capacidad asesina y de la sinrazón que la impulsa. Pero también sabemos que ellos no representan en absoluto a ese pueblo vasco que han usado siempre como excusa para cometer sus crímenes. Como sabemos asimismo que la mayoría de ese pueblo sólo ansía que termine el sufrimiento y la angustia de tantos años de terror. Que algún día, cercano si fuera posible, llegue a sus calles y a sus casas esa paz tan esperada.
Desde el actual Gobierno de España, desde su partido y la mayoría de las formaciones políticas con representación parlamentaria, se ha venido trabajando últimamente por esa paz, de manera responsable, con verdaderas ganas de conseguirla. Por eso en este blog luce desde hace tiempo ese banner de “En mi nombre, Sí”, como muestra de mi apoyo a esa labor de búsqueda de la paz, a los que la encabezan y la posibilitan.
Y por eso también lo destaco hoy, reafirmando mi apoyo a mi Gobierno, mi confianza en que ni los asesinos ni los críticos mezquinos o interesados -ésos que no han tardado en mandar sus SMS convocando a la gente en la calle Ferraz- podrán hacer mella en su determinación por continuar una tarea tan loable como necesaria: buscar la paz.
Si llegó un momento en que ya urgía manifestar públicamente que estábamos a favor del diálogo por la paz, hoy es tiempo de reconocer también públicamente a quienes tuvieron el valor de proponer y transitar esa vía de solución al problema del terrorismo.
Sean cuales sean los pasos que a partir de ahora deban dar, con mi confianza, al menos, pueden seguir contando.
Eso es, para Mariano Rajoy, que así lo declaraba con cara de no haber roto nunca un plato y expresión de mártir sufrido y descorazonado, lo único que representa este vídeo. Es, según él, la única respuesta que ha sabido dar el gobierno español a ese clamor de la ciudadanía, a esos “cientos y cientos de miles de españoles que representaban a millones” que salieron el otro día a la calle para exigir el fin de esa apuesta por la paz que ellos prefieren llamar rendición. Una respuesta que no es mas que “una bofetada a un partido político con un vídeo”. Una pataleta infantil, vamos.
En realidad, sus declaraciones sólo vienen a confirmar, una vez más, la desfachatez y el patetismo de unos dirigentes del principal partido de la oposición que en cualquier otra democracia o partido hubieron hecho mutis por el foro después de un descalabro electoral como el que sufrieron, sólo debido a su prepotencia y torpeza.
Pero en el PP las cosas no parecen funcionar así. Debe ser uno de los pocos partidos políticos, si es que hay alguno más, en el que los responsables directos de una sonada derrota electoral, salpicada además de verguenza, son premiados con la permanencia en los cargos ejecutivos en lugar de ser reemplazados por personas más capaces y sensatas. Y aplaudidos ciega y obedientemente, en lugar de democráticamente analizada la conveniencia de tan destructiva empresa, por mantener con tozudez cerril una vengativa cruzada que les termine no ya redimiendo -que los culpables siempre han sido y serán los otros, nunca ellos- sino recolocando en ése que parecen tener por su espacio natural, el Poder. Un lugar para el que deben sentirse predestinados, a juzgar por la distancia desde la que miran a los otros -ellos en las alturas, por supuesto- y la clarividencia con que vislumbran el error ajeno aún antes de que éste se haya producido.
Dificil se hace, oyéndoles hablar, comprender cómo no usaron antes, cuando podían, esa capacidad innata y cuasi sobrehumana de encontrar soluciones precisas y definitivas para cualquier problema. Aunque esto, en realidad, sólo se intuye. Lo que se dice soluciones tampoco proponen muchas. Pero niegan con tanta pasión la conveniencia o la validez de las propuestas por otros y prejuzgan las aviesas intenciones de éstos con tan profética mirada y solemne oratoria que uno tiende a pensar, sin más remedio, que de serles concedida la gracia de volver a liderar los destinos de España pasaríamos a ser de la noche a la mañana, como por encanto, una nación feliz, sin rastro de problema alguno.
Mientras tanto, la que pierde es, precisamente, España, que ha de contemplar a diario cómo un puñado de resentidos incapaces de asumir sus propias responsabilidades juegan con nuestros problemas -alguno de ellos tan grave como el terrorismo- con la mirada puesta en algún punto muy alejado del bien común y aún atreviendose a poner a los españoles como escudo cuando hacia ellos se dirige alguna justa y merecida crítica.
Si hace poco demostraron por enésima vez su íntima condición de tramposos, en un vídeo en el que quisieron hacer pasar imágenes de disturbios ocurridos en la época del gobierno Aznar como si se hubieran dado bajo el mandato del actual gobierno socialista, su cínica respuesta a la edición de este vídeo del PSOE, que nada inventa y sólo reproduce sus propios hechos y manifestaciones pasadas, es otra prueba más de lo que nadie debería ya dudar: lo que más preocupa y molesta a los dirigentes del PP es que les descubran las verguenzas. Porque las verguenzas, según ellos, sólo las tienen los otros. Y sólo ellos, por tanto, están legitimados para pontificar sobre el bien y el mal.
Estoy con Alfonso Gil -y con muchos otros que no gritan de manera desaforada, pero sienten, piensan e incluso padecen-. Va siendo ya hora de levantar la voz, contenida por prudencia y responsabilidad, para decir bien claro «En mi nombre, SÍ».
Dice Mariano Rajoy, como ya ha dicho otras veces y repiten otros mandos de su partido, que no existe ese “conflicto” al que siempre se ha referido el entorno etarra y en el que ahora el gobierno de Zapatero pretende involucrar al Parlamento Europeo, con lo que vendría a colaborar en la consecución de uno de los objetivos perseguidos por los terroristas, la internacionalización de ese supuesto conflicto. El pecado, más allá de la manera de abordar el problema que cada cual defienda, estaría en aceptar el discurso etarra:
“Rajoy insistió en que el PP no aceptará nunca «lo que siempre ha pretendido ETA y nunca aceptó ningún Gobierno de España –ni Suárez ni Calvo Sotelo ni Felipe González ni José María Aznar– que es eso que se llama la internacionalización del conflicto».”
Lleva razón Rajoy en que ha sido una constante de la democracia española el no reproducir los términos ni los conceptos utilizados por los etarras para presentar o intentar justificar su violencia. Así sigue siendo, pese a lo que se se quiera afirmar en esa ceremonia de la confusión que pretende hacer pasar por rendición ante los etarras lo que es la búsqueda de vías hacia la paz. Y así debe ser, pues es táctica común del terrorismo en general, no sólo del etarra, magnificar el alcance y la extensión de los problemas tras los que escudan su opción por la violencia y el terror. Si es que existían tales problemas con anterioridad a los que el propio terrorismo genera.
Aceptada esta premisa general, aplicable al terrorismo de cualquier origen, no se entiende muy bien cómo aquellos mismos que jamás emplearían la terminología etarra (políticos, medios de comunicación, líderes sociales…) no encuentran reparos en reproducir ciertos términos que en el discurso del terrorismo de origen islamista radical han sido despojados de su significación original para dotarlos de un sentido más conveniente a los objetivos de los terroristas. Quizá el más conocido de estos términos sea yihad, traducido generalmente como “guerra santa”, sin más matices, trasladando una visión del Islam en su conjunto, de todos los musulmanes, que beneficia a la causa de ese terrorismo radical islamista.
Si no existe el “conflicto vasco” del que hablan los etarras, tampoco existe ese otro conflicto que llamaría al falso “yihad” que proclama Osama Bin Laden. Por no existir, ni siquiera existe el islamismo. Si en el caso vasco no hacemos el juego a los terroristas, ¿qué intereses recomiendan que se lo hagamos a los islamistas radicales?
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