¿Odio a los judíos?
17 de Enero de 2009

Que para descalificar a quienes mostraban su desacuerdo con la actuación militar estadounidense en Irak a Aznar sólo se le ocurriera utilizar el aburrido tópico del antiamericanismo -que ya debe dar trabajo estar en contra de todo un continente- es hasta comprensible. Sin argumentos racionales posibles sólo queda la opción de la demagogia, y si ésta es burda y poco elaborada se corre el riesgo de decir tonterías. Aunque en esto, como ha demostrado en repetidas ocasiones, tampoco le duelen prendas a nuestro ex-presidente.
Lo malo de ese tipo de alegaciones, tan gratuitas como engañosas y malintencionadas, es que desprecian la capacidad intelectual y de discernimiento del público al que van dirigidas -una tontería contada a un auditorio de supuestos tontos-, algo que en el caso de los responsables políticos elegidos democráticamente o los medios de comunicación, en teoría vigilantes del buen obrar de esos políticos, adquiere una especial gravedad.
Ahora, con el foco de atención de la información internacional dirigido hacia el conflicto en Gaza, la maquinaria de propaganda del estado israelí, que no ha permitido el acceso de los periodistas al terreno de operaciones de su ejército, se afana en rescatar otro tópico recurrente y poner a sus peones -como Aznar lo fue de Bush- a repetirlo incesantemente, en un vergonzoso intento de acallar con falsas acusaciones injuriosas la legítima crítica a su actuación.
Según esos voceros, cualquiera que no apoye la masacre que el ejército israelí está llevando a cabo en Gaza se convierte automáticamente en antisemita, enemigo de toda la raza hebrea. Una tontería, sí. Pero una tontería dañina.
Por eso asusta, o debiera hacerlo, que en un artículo del Wall Street Journal, por más que sea de opinión, el título aluda a un generalizado odio a los judíos instalado en Europa: “Europe Reimports Jew Hatred”.
Lo tendencioso del artículo se adivina sin necesidad de leerlo, con la simple visión de la imagen elegida para ilustrar el texto. En ella, sentados frente a frente, conversando, Adolf Hitler y Hajj Muhammad Amin al-Husseini, líder palestino de la época y reconocido antisemita.
El círculo está cerrado. O apoyas los ataques de Israel o además de antisemita eres pro-nazi. Y si además eres español, tu aversión a todo lo judío es inevitable. Es un pecado nacional:
Un informe del Pew Center en septiembre muestra que el 25% de los alemanes y el 20% de los franceses están aún afectados por este virus (el antisemitismo). En España, un 46% tiene opiniones desfavorables de los judíos. ¿No existe realmente una conexión entre esta estadística y el hecho de que los medios de comunicación y el gobierno españoles estén dentro de Europa entre los más hostiles con el estado Judío? ¿Es sólo una coincidencia que la mayor manifestación anti-israelí tuviera lugar el domingo en España, con más de 100.000 manifestantes?
Poco ayudan panfletos incendiarios como este artículo a la causa israelí que pretende defender. Y poco o nada, también, a la credibilidad del diario donde se publica. La opinión tiene un límite, el del rigor y la seriedad con que se traten los argumentos que se manejen. Manipularlos o pervertirlos no es opinar, es otra cosa.
No encuentro mejor respuesta al fanático libelo de Daniel Schwammenthal que el atinado editorial de Iñaki Gabilondo de hace unos días:
Bien dicho queda.
Ya desde el inicio de los bombardeos sobre Gaza surgieron voces pidiendo a la comunidad internacional la adopción de medidas sancionadoras contra el estado de Israel. A esas voces se unía hace unos días la de 






















