Hace exactamente una semana estábamos aún en plena celebración de las jornadas iCities, a falta de la media jornada final del domingo y empezando a lamentar ya que se terminaran.
Y es que fueron unas jornadas inolvidables, celebradas en un lugar ideal (tanto la Villa de Candelaria como el edificio de la Zona Joven) y con unos anfitriones (las gentes del ayuntamiento y la organización del evento) que se desvivían en amabilidades con los asistentes y velaban porque todo funcionara a la perfección. Y lo consiguieron.
El regreso a mis rutinas me ha devuelto también la escasez de tiempo para postear en este blog (espero que coyuntural, aunque ya dura la coyuntura ésta, ya), y hasta hoy no había encontrado un rato para hacerlo. Así que no haré un balance o resumen de los contenidos de las jornadas que otros han hecho ya magníficamente, como Pau Llop, Alorza o, más profusamente, Donaire.
Pero, como aporte no menos interesante, dejo aquí esta vista desde la entrada a la Zona Joven:
Y como visión panorámica de lo que en las jornadas aconteció, el excelente vídeo realizado por Roger Casas-Alatriste, emitido el pasado miércoles en Cámara Abierta 2.0:
Dentro de un mes estaré pasando un fin de semana en Tenerife, que no es mal destino. La excusa propicia, iCities, unas jornadas sobre blogs, e-government y participación digital que organiza por primera vez el Ayuntamiento de Candelaria con la colaboración de Las Ideas.
Blogosfera, ciberactivismo, participación ciudadana, emprendedores, software libre, e-gobierno… En resumen, un viaje por los múltiples aspectos de la realidad social que las nuevas tecnologías, y en particular Internet, vienen dibujando.
Un plantel de ponentes de primer orden se encargará de exponer y formar, en mesas y talleres, a los asistentes a estas jornadas que se celebrarán entre los días 9 y 11 del próximo mes de mayo.
Siguiendo los modelos de iniciativas surgidas en Estados Unidos con ocasión de la campaña para las presidenciales de aquel país, España será el primer país europeo en el que desde Internet se ofrece a los ciudadanos la posibilidad de entrevistar a los candidatos mediante preguntas grabadas en vídeo.
Un acuerdo entre RTVE y YouTube para la creación del canal Elecciones’08, al estilo de YouChoose’08, abre esa vía de participación. Los ciudadanos pueden enviar las grabaciones con sus preguntas y las que resulten seleccionadas serán planteadas a los candidatos durante una serie de entrevistas que serán retransmitidas en directo por TVE.
Como no podía ser de otra forma -somos así-, ya existen lecturas suspicaces de esta iniciativa que buscan la trampa antes de que se haya cometido. Pero más allá de las guerras políticas creo que resultará de interés como experimento sociológico. El grado de participación o el nivel de calidad de las preguntas nos podrán dar una idea aproximada del estado de salud, presente y previsible para un futuro, de nuestra democracia.
También Antena 3, con otro canal en YouTube, y laSexta, que de momento sólo anuncia el próximo lanzamiento de Túpreguntas.com, se apuntan a eso de abrir vías de comunicación entre el electorado y los responsables políticos.
En el primero de los casos, con un modelo similar a Elecciones’08, permitiéndonos preguntar a los representantes de cualquier partido. En el segundo, el de laSexta, limitando ese ámbito a los máximos responsables de los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP.
Una decisión, la de excluir al resto de partidos, que puede ser polémica, como lo ha resultado ya la iniciativa “Por un debate en internet” de 20 Minutos, precisamente por limitar la posibilidad de ese debate a la confrontación entre los candidatos de esos dos partidos principales sin dar cabida a los representantes de otras fuerzas políticas.
Y es que Internet es un universo autónomo, con sus propias lógicas y dinámicas, y con un añadido de libertad y capacidad de participación que conforman gran parte de su atractivo y su utilidad. Muchos medios tradicionales se resisten aún a entender esto. Pero, lo que es tan importante o más en este caso concreto, ¿lo entienden los políticos?
Próximamente lo iremos viendo. Y para eso, al menos, sí que nos servirán todas estas iniciativas.
Se me reía anoche Mr. Black -que sigue dándole vueltas a su egaroo- cuando le contaba la intención de escribir este post. Quizá por la forma en que se lo dije o tal vez porque le incluí en el grupo de los que aquí alabaré. O también es muy posible -y me inclino a pensar que éste fue el verdadero sentido de su risa- que sólo viniera a ser su forma de asentir para decirme que coincide en este caso con mi punto de vista.
Voy al grano. Cada vez, con relación a Internet, tengo más claro que mi interés se centra en los hechos y no tanto en los dichos, en la acción y no en la reflexión. Más claro aún, en quienes trabajan creando aplicaciones, utilidades y proyectos que nos facilitan a todos las cosas y no en aquellos que desde la inacción critican y diseccionan el trabajo ajeno.
Y no porque la crítica no sea necesaria y productiva. Siempre lo es. Sino porque vengo advirtiendo ya desde hace tiempo que tanta solemne teoría responde en muchos casos -que siempre hay sus lógicas excepciones- más al afán de protagonismo del vanidoso teórico de turno que a la mínima objetividad necesaria para que la critica devenga en herramienta imprescindible dentro del proceso creador.
Como usuario de Internet de poco me sirven, por lo habitual, las reflexiones y sentencias de esos teóricos. No me interesa recordar dónde estábamos hace diez años ni me aporta nada su opinión sobre dónde estaremos dentro de otros diez o hacia dónde deberíamos dirigirnos y qué caminos habríamos de tomar.
El verdadero avance de Internet está en la acción, en el trabajo. No sólo en el de las que ya son grandes empresas de servicios online o el de los emprendedores individuales, que es evidente, sino también en el de la infinidad de usuarios que de forma prácticamente anónima colaboran en el desarrollo de esas aplicaciones de software libre y colaborativo o participan en proyectos abiertos.
Éstas son, a mi juicio, las iniciativas que alientan principalmente ese avance, por cuanto alimentan el espíritu de trabajo y participación de la gente, consiguiendo que una multitud de individualidades se una en un mismo esfuerzo que además de un provecho común implica también un progreso.
Que el resultado de ese esfuerzo de unos y otros se quiera etiquetar poniéndole puntos y ceros delante o detrás y hasta se generen sesudos debates sobre ello puede que quede muy aparente, pero es empeño baldío. Al menos para la inmensa mayoría de usuarios que cuando se conectan a Internet lo que agradecen es poder usar las aplicaciones o disfrutar de los proyectos y no la genialidad o desacierto de quienes los juzgan y etiquetan con salomónica gravedad.
Para quien puede que sí valga la pena el esfuerzo es para los teóricos más avispados que consiguen que su nombre sea más conocido y recordado que el de los creadores y colaboradores en el desarrollo de aplicaciones y proyectos. Quizá eso, en el fondo, sea lo único que persiguen.
Y es por eso, también, por lo que cada vez me interesan menos sus elucubraciones y admiro más a los que realizan el trabajo objeto de su crítica.
Estos últimos sí que son los verdaderos héroes de la Red.
Nunca se me había ocurrido pararme a pensar en ello, pero algún día moriré -espero que dentro de mucho, mucho tiempo- y muy posiblemente después de eso aún perviva en esta Red alguna pista de mi pasada existencia.
En mi caso, si la vida no me lleva por otros caminos, no será muy extraño. La mayor parte de mis actividades, profesionales y particulares, tienen que ver con Internet. Si eso no cambia -y la Red sigue manteniendo una dinámica parecida, que cualquiera sabe en qué parará todo esto-, algo quedará cuando yo no esté.
En otros casos, los de aquellos que son simples navegantes sin tener una participación activa en la aportación de contenidos a Internet, puede que resulte más difícil el que permanezca algún rastro de su paso por la Red. Pero tampoco es imposible.
Como no podía ser de otra manera, ya hay quienes han pensado en ofrecer esa presencia póstuma en Internet como un servicio. Es Eternity4all, que permite la creación de una página personal con hasta 10 fotos, 3 vídeos y el equivalente a tres folios de texto, con el fin de que nuestra historia personal nos sobreviva y permanezca en la Red a modo de testamento vital.
Tentador para nuestro secreto deseo de vencer de una u otra forma a la muerte. Y posiblemente interesante como archivo histórico que consultar dentro de unas cuantas décadas para conocer algo más de este tiempo que vivimos.
Ya existe un Día de Internet. Quizá por eso habrá quien pueda pensar que el OneWebDay, que se comenzó a celebrar el 22 de septiembre del pasado 2006 con la intención de repetir anualmente la celebración en esa misma fecha, esté de más y sólo venga a ser una duplicación de lo que ya existe.
No lo veo yo así. Para mí, parte de las celebraciones del Día de Internet son algo ya demasiado oficialista, demasiado académico, demasiado autocomplaciente.
Oficialista porque instituciones, empresas y colectivos diversos se suman a la commemoración como si de no hacerlo corrieran el riesgo de aparentar una falta de modernidad que es hoy un pecado casi imperdonable. Incluidos aquellos que por Internet están haciendo más mal que bien.
Académico porque sobran tesis, clasificaciones, pronósticos y análisis a toro pasado del de dónde venimos y hacia dónde vamos digital. Elucubraciones, en muchos casos, sin fuste ni sustancia. Pero plagadas de “puntoceros” con uno u otro dígito delante y supuestos novedosos descubrimientos de lo que ya estaba descubierto y hasta gastado.
Y autocomplaciente porque se gastan más energías en alabar virtudes y maravillas, presentes y futuras, que en resaltar defectos y peligros. Problemas que seguirán siendo presente en un futuro, quizá incluso agravados, porque nos hemos dedicado más a deleitarnos en la contemplación de nuestra melena en el espejo que a vigilar y combatir a quienes vienen tijera en ristre con la intención de dejarnos sin un pelo.
No todo es así, por supuesto. Pero mucho de esto hay en lo que más trasciende del Día de Internet. O en lo que más se preocupan por publicitar, que tanto da.
OneWebDay parte de otro concepto, para mí más atractivo y realista: la Web son las personas. Personas, léase bien, con rostro e identidad definida, seres humanos. Y no esos omnipresentes “usuarios” indefinidos que parecen ser ahora los artífices de todo.
Por eso, el propósito de OneWebDay es celebrar la existencia de la Web desde la perspectiva de la experiencia humana en Internet, la “vida online”. Poner el acento en cómo la Red ha cambiado cada una de nuestras vidas, en el plano individual y colectivo.
Colaboración, creatividad, libertad, son términos emblemáticos del OneWebDay, que también persigue -y no es objetivo menor- proteger la Red ante los múltiples peligros que la amenazan.
Porque la imaginación, la inventiva, la creatividad de millones de personas, reconocidas o anónimas, han sido y siempre serán los verdaderos motores del avance de la Red y las responsables de su magia. Por más que muchos sesudos analistas de salón y reinventores de lo ya inventado nos quieran hacer creer que el mérito es suyo.
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