Aunque resulta difícil conocer las cifras reales, que varían según la fuente, el Ministerio para Asuntos de la Mujer de Irak estima que unas 70.000 mujeres han enviudado, sólo en la capital, como consecuencia de la última guerra en la que sigue envuelto su país.
Se cuentan entre esa multitud de víctimas civiles que toda guerra causa y que no son recordadas en ningún acto memorial.
En la pasada Compass Jobs Fair celebrada en Hammersmith, Londres, el stand de “Top Jobs Abroad” ofrecía a los visitantes unas inmejorables oportunidades de contratación en el extranjero. Los interesados, después de ser saludados por un representante de la empresa, eran invitados a atravesar una puerta tras la cual, se les decía, podrían conocer la diversidad de trabajos disponibles.
Pero una vez atravesada esa puerta, lo que se encontraban era una sala acondicionada como uno de los escaparates en que se exhiben las prostitutas en el Barrio Rojo de Amsterdam, incluido el cristal que dejaba esa sala a la vista de los visitantes de la feria que pasaban por allí.
Tras la lógica sorpresa, llegaba la explicación. Al salir de aquella sala, las víctimas del engaño se encontraban con el stand de Stop The Traffik, donde recibían información sobre el tráfico de mujeres captadas bajo falsas promesas de trabajo para terminar siendo obligadas a ejercer la prostitución y eran invitados a firmar una petición internacional para ser entregada en la ONU.
Una curiosa forma de recolectar firmas, ideada con la colaboración de la agencia de publicidad belga Duval Guillaume.
Aunque nacida en Ohio, Rachel Papo vivió en Israel y allí ingresó en la Fuerza Aérea a los 18 años para cumplir con el servicio militar obligatorio. Según sus propias palabras, ése fue un período de su vida de soledad y depresión, a una edad en la que es difícil comprender las razones por las que has de abandonar tu entorno habitual y trasladarte al ambiente rígido y predominantemente masculino del ejército.
Aquella experiencia le inspiró el proyecto Serial No. 3817131, una colección de fotografías sobre la vida cotidiana de las mujeres que sirven en el ejercito israelí. Un refuerzo gráfico a sus reflexiones sobre esa situación:
The life of an eighteen-year-old girl in Israel is interrupted when she is plucked out of her environment at an age when sexual, educational, and family values are at their highest exploration point. She is then placed in a rigorous institution, where individuality becomes a secondary matter, making room for nationalism. “I solemnly swear…to devote all of my strength and to sacrifice my life to protect the land and the liberty of Israel,” repeats the newly recruited soldier during her swearing-in ceremony. She enters the two-year period in which she will change from a girl to a woman, a teenager to an adult, all under a militaristic, masculine environment, and in the confines of an army that is engaged in daily war and conflict.
Tendría que existir una ley internacional que prohibiera el reclutamiento forzoso para el servicio militar. Y que el sacrificio de la propia vida por la patria, la libertad universal y todas esas mandangas lo hicieran los que promueven y secundan las guerras, ellos solitos. O los que tienen espíritu mercenario y guerrero, que contra toda razón y lógica también los hay.
Se trata, básicamente, de cambiar el género de las siluetas humanas que aparecen en las señales de los espacios, los edificios y el transporte públicos de la ciudad, con el fin de alentar en la población un cambio de mentalidad respecto al tema de la igualdad entre géneros, de habituarles a no establecer distinción entre hombres y mujeres en el terreno social.
Así, las siluetas que en los semáforos advierten a los peatones cuándo han de cruzar la calle y cuándo no podrán ser siluetas de mujer. O las que en un autobús indican que un asiento es preferente para una madre con su hijo pequeño podrán representar indistintamente al padre. Entre otros muchos ejemplos.
La iniciativa, como es lógico, ha sido celebrada por muchos y criticada por otros. Entre estos últimos, mujeres que señalan que las siluetas femeninas representan a un tipo de mujer sin emancipar.
Parte de razón puede que lleven, a mi juicio. Mientras por una parte se dice pretender cambiar los estereotipos sociales y habituar a la gente a la no distinción entre géneros, al hecho de la igualdad, por otra se ofrece una visión estereotípica de la mujer, con falda y pelo largo.
¿Representa esa imagen a la mujer actual, a todas las mujeres?
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