Nadie da duros a peseta, decíamos por aquí hasta que el euro se instaló en nuestras vidas. Quizá por eso el Congreso de EE.UU. ha condicionado su apoyo a un nuevo remanente de fondos para la guerra de Irak a la aprobación en ese país de una ley para el petróleo que viene a reforzar las tesis de quienes siempre han visto en el control de los recursos petrolíferos iraquíes más fundamento como una de las motivaciones de esa guerra que en todo aquello de las armas de destrucción masiva, de librar a Irak y al mundo de un tirano o, bendita cruzada, de plantar allende el mundo supuestamente civilizado las banderas de la libertad, la democracia y demás pamplinas demagógicas.
El trasfondo de la ley propone dejar el control y explotación de la mayoría del petróleo iraquí en manos de empresas extranjeras y también incluir a éstas en un organismo de nueva creación, el Iraqi Federal Oil and Gas Council, que sería el encargado de tomar todas las decisiones relativas al petróleo en aquel país.
Si París bien pudo valer una misa, parece que el petróleo iraquí bien vale una guerra. Con todos sus muertos.
Porque, bien pensado, ¿para qué desperdiciar los cuerpos de esas 150.000 personas que mueren cada año como consecuencia del cambio climático? Resultaría cruel enterrarlos o incinerarlos sin más, sabiendo que sus cadáveres pueden ser reciclados para producir el combustible que tanto necesitan los supervivientes.
El combustible fósil resultante de llevar a la práctica tan descabellada idea se conocería como Vivoleum, un supuesto nuevo producto de Exxon que fue presentado hace unos días en Calgary, Canadá, en la Gas and Oil Exposition 2007 (GO-EXPO).
Los encargados de presentar la idea, haciéndose pasar por representantes de la ExxonMobil y el National Petroleum Council (NPC), no eran otros que dos activistas de The Yes Men en la última de las incursiones que este grupo consigue realizar en foros empresariales y políticos del más alto nivel para sacar los colores a los poderes fácticos de este mundo.
En su discurso, planteaban que las políticas energéticas de Canadá y EE.UU. aumentan el riesgo de catástrofes naturales, pero que, en el peor de los escenarios posibles, los billones de muertos como resultado de esas catástrofes podían ser reciclados como carburante con el que la industria del petróleo mantendría su capacidad de suministro.
«Necesitamos algo como las ballenas, pero infinitamente más abundante», fue la rotunda conclusión de uno de los oradores antes de explicar a los asistentes la tecnología usada en el proceso de conversión de los cadáveres en Vivoleum, con animaciones 3d incluidas.
Hasta que prendieron unas “velas conmemorativas” en memoria de un trabajador de la Exxon y vieron como éste declaraba en un vídeo su deseo de ser convertido en esas mismas velas tras su muerte, los asistentes no habían reaccionado ante los disparates que estaban escuchando. ¿Acaso los daban por buenos?
Fue entonces cuando la audiencia quiso comprender el engaño y los Yes Men fueron desalojados del escenario. Pero ya era demasiado tarde para salvar las apariencias. Los Yes Men sólo fueron retenidos por los guardas de seguridad hasta la llegada de la policía, que ante la imposibilidad de imputarles ningún delito los dejó ir. Los representantes de la industria del petróleo, en cambio, han quedado públicamente retratados sin disculpa posible.
Habían dado por buenas razones que espantarían a cualquiera, aceptando sin protestar la responsabilidad de su industria en los más graves problemas medioambientales y atendiendo sin inmutarse a la propuesta de usar a los muertos causados por esos mismos problemas para la producción de energía:
“Vivoleum works in perfect synergy with the continued expansion of fossil fuel production. With more fossil fuels comes a greater chance of disaster, but that means more feedstock for Vivoleum. Fuel will continue to flow for those of us left.”
Increíble, sí. Pero cierto. Tan cierto que la organización del evento ha tenido que publicar una nota de prensa explicando lo sucedido.
Los que tendrían que explicar su comportamiento son los asistentes a la presentación, esa gente de las petroleras. Cuando oían hablar de combustible generado a partir de carne humana, ¿en qué pensaban?
La policía canadiense acertó dejando marchar a los dos Yes Men. Si en aquel acto había algún malandrín no era ninguno de ellos dos. Eran todos los demás.
Jacinto: Usted sí que alimenta la esperanza, maese Gervais. :)
Ab...
Gervais: Si, Stralunato Renacentista, es una hermosa aspiración... y...
Jacinto: Sí, ya leí tu post. ;)
Bueno, es una opción más. Creo...
Gustablog: No me alegra demasiado la noticia, creo que hay una organiza...
Jacinto: Hola, Patricia. Qué alegría saber de nuevo de ti. :)
Un a...
patricia: Hola!
Ojala que el proyecto progrese pues parece muy intere...
Gustablog: Aguante WordPress !!!!!!!!!!!!!!!!!!!! izaaaaaaaaaa y Españ...
Jacinto: Hay ideas, hay ideas... ;)
Y tienen que ver con algo que ha...
Chiqui: Pues eso de La cueva hay que solucionarlo enseguida. compañ...
Gervais: La precariedad... ¿invadimos la Italia para evitar un nuevo...
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