Afortunadamente, creo. Porque no cabe más sinrazón y ganas de generar polémicas inútiles e innecesarias que en este episodio protagonizado por la que es delegada de Cultura y portavoz del Ayuntamiento de Sevilla y ha sido Secretaria del Área de Políticas de Igualdad en la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE.
Según relata El Correo de Andalucía, Maribel Montaño fue invitada a formar parte de la Cabalgata de Reyes de su pueblo natal, Carmona, representando el papel del rey Gaspar. Una invitación que se mostró dispuesta a aceptar, pero con una condición: haría de Rey Mago, pero sin barba.
Tanto dentro de la Junta Directiva de la Peña Giraldilla, que organiza la cabalgata, como entre los ciudadanos de Carmona surgieron voces en contra de esa posibilidad de una “reina maga” sin barba, lo que ha llevado finalmente a la concejala a renunciar a su participación.
Hasta aquí los hechos escuetos. Vamos ahora con la sucesión de sinrazones.
En primer lugar, resulta increíble que ni los invitantes ni la invitada previeran la aparición de la polémica o hasta se extrañen ante ella. Por más que ya se fundan en la Navidad lo religioso y lo puramente festivo, lo primero sigue siendo importante y guarda su sentido para mucha gente, que tiene pleno derecho a celebrar sus ritos sin alteraciones sustanciales impuestas caprichosamente por terceros.
Y el carácter de “laica” de la Peña organizadora, que resalta su presidente, no le da derecho a experimentar con esos ritos contra la voluntad de esa gente. Como tampoco lo tiene la concejala, que no parece haber actuado con muy buen juicio en este caso.
Aparte de que ya son ganas de volver locos a los niños que acudirán a la cabalgata esperando ver a un Gaspar barbudo. O de obligar a sus padres a intentar explicarles por qué el rey Gaspar parece este año una señora.
Pero más allá de esto sorprende que quieran presentar el que la concejala hiciera de rey sin barba como un asunto de igualdad.
Primero Maribel Montaño, que al parecer manifiesta en su carta de renuncia que la condición de aparecer sin barba, aparte de advertida por ella desde un principio, es algo que considera “importante”.
¿Cambiaría en algo su aparición como rey sin barba la situación de desigualdad que todavía sufren muchas mujeres? ¿O aportaría algo positivo si acaso, aunque sólo fuera simbólicamente, a la lucha por la igualdad? Cuesta creerlo. Y cuesta creer que ella misma se lo crea.
Después, el presidente de la Peña, para quien el que en la cabalgata participara una mujer hubiera supuesto “un avance muy importante, además de algo tan normal en la situación actual que no podemos entender que haya gente en contra”.
A ver, un avance importante en temas de igualdad, por poner un ejemplo reciente, es que una mujer llegue a teniente coronel del ejército español. El que en una representación interprete el papel de una figura masculina tradicionalmente con barba, como Gaspar, pero sin barba y dejando clara constancia de que es mujer, más que un avance es… una chorrada.
Y lo es hasta en la situación actual que tanto confunde al presidente de la Peña. Y a mí, que no sé muy bien si esa situación a la que se refiere implica que tengamos que aceptar con naturalidad que un señor calvo y con bigote asegure llamarse Bernarda Alba en el escenario de un teatro o se muestre felícisimo por su designación como fallera mayor.
Una cosa es que se exija que hombre y mujer compartan derechos y oportunidades en igualdad -que es lo natural y deseable- y otra muy distinta -y pelín ridicula- que esa reivindicación se extrapole a esta kafkiana situación a cuenta de la barba de un Rey Mago.
Son abundantes las pruebas que a diario nos confirman que mucha gente está confundiendo el tema de la igualdad con algo que nada tiene que ver con ella. Hay aspectos realmente serios e importantes de ese asunto que son los que deberían estar resolviéndose y que se mantienen más o menos ocultos e inalterados tras tanta folclórica pamplina.
Pero de entre toda esa suerte de ocurrencias populistas que son a la igualdad lo que la zanahoria al burro, he de reconocer que ésta del imberbe rey Gaspar -o de la imberbe reina Gaspar, que ya no sé bien- se lleva la palma.
Es lo que le suele pasar al PP de un tiempo a esta parte. Cuando ante cualquier crítica o imputación no encuentran argumentos razonables con que defenderse, tardan un tiempo en reaccionar -es complicado pensar qué se va a decir cuando no se puede argumentar nada coherente.
Y cuando por fin reaccionan se van por los cerros de Úbeda, mezclan churras con merinas y pretenden hacernos comulgar con eso de que la velocidad y el tocino son una misma cosa.
O sea, que al final hablan -qué remedio- pero no dicen nada coherente:
“…se detuvo a militantes del PP en una manifestación de las víctimas del terrorismo, lo cual es un comportamiento antidemocrático del que todavía estamos esperando que pidan perdón.”
Lo ha dicho Acebes. Y se ha quedado tan ancho. Parece que cree antidemocrático el que la policía detenga a quienes son sospechosos de haber cometido un presunto delito. O quizá que las manifestaciones -las que el PP promueve o apoya, se supone- son territorio franco para cometer todo tipo de tropelías sin que las fuerzas del orden puedan actuar.
Pero no. Lo que sucede es que, según este ex ministro de Interior, “la detención de militantes de un partido es «algo que no ocurre en ningún país del mundo» y que sólo ocurre en España «cuando gobierna el PSOE, con un retroceso democrático»“.
Yo había oído hablar de la inmunidad parlamentaria (Constitución Española, artículo 71, 2), pero no sabía nada de que esa inmunidad fuera extensiva a todos los militantes de los partidos políticos. Lo que aprende uno con este Acebes.
Vamos, que los delincuentes ya saben lo que tienen que hacer para burlar la acción policial: afiliarse a un partido político. Preferentemente al Partido Popular. Con ellos de nuevo en el gobierno sólo el ser militantes les garantizará la impunidad inmunidad.
Ah, sí, se me olvidaba. Todo esto viene a cuento de que el Tribunal Supremo ha anulado la sentencia que condenaba a tres policías por detener a dos militantes del PP por un intento de agresión al entonces ministro Bono y, consecuentemente, el PSOE ha pedido al PP que se disculpe por todas las barbaridades que sobre esos policías se llegaron a decir en su momento.
La tardía respuesta de Acebes, como no podía ser de otra manera, es que quien tiene que pedir perdón es el PSOE. ¿Por qué? Sólo Acebes y su dios particular -que el de los verdaderos cristianos es otro-, a quien parece encomendarse en la foto, deben saberlo. Misterios de la derecha española, que últimamente vive en una realidad paralela a la del común de los mortales racionales.
Nada, Don Acebes, usted a lo suyo. A seguir diciendo tonterías que enciendan los ánimos de los que no saben distinguir entre la sensatez y la sandez. Así se trabaja por España.
Lo hablaba hace apenas un rato con David Plaza. Es un hecho noticiable, que en la medida de la seriedad con que se haga la propuesta y la intensidad del debate que pueda originar, cabría en las páginas de cualquier diario tradicional. Constituye noticia, sin duda.
Y aunque, como ya he dicho, el grado de interés que pueda despertar dependa en buena parte del alcance y recorrido de tal propuesta, tiene todos los ingredientes necesarios para ser una información destacable: sus protagonistas, dos personajes históricos del PSOE, partido que gobierna actualmente en España; el entorno, un PSM en evidente crisis interna y con una no menos clara necesidad de renovación; el momento, de profundo debate -también en los medios- después de los últimos resultados electorales; el interés social, pues este tipo de debates políticos también afectan de manera colectiva al futuro de la ciudadanía; el medio utilizado para lanzar la propuesta, un blog; el que además se haya hecho de manera pública y no interna…
Habría, en definitiva, muchas razones para decidir que es una información digna de ser difundida, con independencia del interés particular que despierte en cada persona -habrá a quienes la política no les interese en absoluto, por supuesto- y de la opinión que a cada uno le merezca.
Para lo que no existen razones esgrimibles -lógicas, fundadas, objetivas- es para calificar una información así como “cansina” o “irrelevante”. Si por cansino entendemos que algo ya está muy repetido, demasiado visto, no hacen falta argumentos que expliquen lo ilógico de aplicar esa calificación en este caso. Y sobre lo de la irrelevancia… mejor ni hablar.
Pero así funcionan las cosas en Menéame, por lo que vengo observando desde hace tiempo. Si bien los votos negativos cumplen una función que puede ser necesaria, el que puedan emitirse sin más criterio que el capricho particular anula lo que de efectivo pudieran tener y diluye el interés real de la aplicación.
Nada impide que los usuarios formen grupos por intereses afines y se dediquen sistemáticamente a boicotear las noticias que no son de su agrado sin tener que dar explicaciones de por qué lo hacen. O que esos grupos se enzarcen en pueriles guerras por conseguir que las noticias que lleguen a portada sean las suyas mientras las del grupo rival se pierden en el olvido.
Quizá haya -seguramente lo habrá- quien de eso pueda sacar un beneficio. Pero el que pierde es el usuario medio, no enredado en esas peleas de patio de colegio. Y, por supuesto, la herramienta. Más en concreto, su credibilidad.
Si no se establecen medidas que garanticen la racionalidad del voto negativo -si es que eso fuera posible- Menéame corre el peligro de ser un territorio secuestrado por un grupo de gente con tanto tiempo libre como poco sentido de la ecuanimidad.
Lo del giro -de 45º, exactamente- viene a cuento de una broma interna entre algunas de las personas que han participado en la preparación de las Jornadas Ciudad Digital que hoy se han clausurado. Pero bien pudiera utilizarse para definir la sensación que lo vivido en esas Jornadas nos deja.
Si para algo ha servido este encuentro es para constatar que, al menos dentro del PSOE, existe una preocupación real por avanzar con decisión hacia el futuro en el ámbito de las nuevas tecnologías. Que el giro en la manera de abordar el reto de acercar esas tecnologías a la ciudadanía se está produciendo. Y, quizá un punto clave en todo esto, que detrás de ese empeño de futuro hay gente muy capaz y con muchas ganas.
Siempre quedarán, y quedan, matices, detalles, aspectos concretos que seguir debatiendo y contruyendo entre todos. Pero lo importante, aún más en estos tiempos de demagogia sin frenos desde cierto sector político, es que detrás de las palabras hay hechos. Que ya es buen giro.
Unas jornadas que tienen por objeto el contraste de experiencias y el debate productivo sobre el papel que las nuevas tecnologías juegan en nuestra cotidianidad social y la elección de las estrategias más eficaces para que esas tecnologías sirvan a un modelo de desarrollo basado en la libertad, la igualdad de oportunidades y la justicia social.
En definitiva, un encuentro entre actores y usuarios de la realidad tecnológica y clase política del que pueden nacer reflexiones interesantes y socialmente beneficiosas. Si estás interesado en acudir, tienes más información en el blog de Ciudad Digital.
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