Imágenes en rotación

Intercambio de géneros en las señales de Viena

26 de Marzo de 2007

Cartel de la Gender-Mainstreaming-Kampagne

Este es uno de los carteles de la Gender-Mainstreaming-Kampagne que en Viena está cambiando el tradicional aspecto de las señales públicas. El ayuntamiento de la capital austriaca lanzó la iniciativa en diciembre pasado y la irá desarrollando durante este 2007 para tenerla completada a finales de año.

Se trata, básicamente, de cambiar el género de las siluetas humanas que aparecen en las señales de los espacios, los edificios y el transporte públicos de la ciudad, con el fin de alentar en la población un cambio de mentalidad respecto al tema de la igualdad entre géneros, de habituarles a no establecer distinción entre hombres y mujeres en el terreno social.

Así, las siluetas que en los semáforos advierten a los peatones cuándo han de cruzar la calle y cuándo no podrán ser siluetas de mujer. O las que en un autobús indican que un asiento es preferente para una madre con su hijo pequeño podrán representar indistintamente al padre. Entre otros muchos ejemplos.

La iniciativa, como es lógico, ha sido celebrada por muchos y criticada por otros. Entre estos últimos, mujeres que señalan que las siluetas femeninas representan a un tipo de mujer sin emancipar.

Parte de razón puede que lleven, a mi juicio. Mientras por una parte se dice pretender cambiar los estereotipos sociales y habituar a la gente a la no distinción entre géneros, al hecho de la igualdad, por otra se ofrece una visión estereotípica de la mujer, con falda y pelo largo.

¿Representa esa imagen a la mujer actual, a todas las mujeres?

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Yugos, flechas, hoces y martillos

30 de Enero de 2007

Monolito conmemorativo de José Antonio en El Pedernoso

El monolito de la imagen conmemora el paso del cuerpo de José Antonio Primo de Rivera por El Pedernoso. No es un homenaje de la Falange más primigenia y joseantoniana, sino una muestra más de cómo la derecha española más reaccionaria hizo durante cuarenta años -y hace hoy de nuevo, aunque mal disfrazada de centro democrático- uso de los muertos para su propaganda y beneficio.

El caso es que en este pueblo manchego en el que vivo, gobernado por el PSOE en casi todo el periplo democrático tras un tiempo de mandato de la UCD, aún persisten los símbolos franquistas, en monumentos como el de la foto o en los nombres de muchas calles. Y no sólo sucede eso en este lugar. Hay también otras localidades manchegas donde encontrar en pie alguna de aquellas famosas “cruces de los caídos” que sólo honran la memoria de una parte de los muertos, los del lado de los vencedores, en aquella contienda fratricida y cruel que fue la Guerra Civil Española.

Nunca he sido muy quisquilloso con estos asuntos, ni lo soy. Pero siempre he pensado que si en realidad un hecho histórico merece ser públicamente recordado ha de serlo de una manera aséptica, libre de simbologías o referencias propagandísticas de cualquier índole. Si desprovisto de esto el recuerdo pierde notoriedad es que no era en absoluto memorable. Mejor deshacerse de él.

Lo curioso, en el caso del monolito de arriba, es que quienes pintaran sobre él las hoces y los martillos no se ve que luchen mucho por conseguir que se quite de ahí. Y aquellos que quizá pondrían el grito en el cielo si se intentara retirar tampoco se han acercado para limpiar las pintadas. Mal que nos pese, seguimos siendo un país de pandereta. Mucho ruido y pocas nueces.

La duda existencial que me embarga, con respecto a este tema, es si Doña Cospedal, que llegó a La Mancha llamando talibanes y estalinistas a sus contrincantes socialistas y reclamando libertad, cultura y democracia para esta tierra, tendrá un plan para subsanar este desfase democrático en caso de salir elegida presidenta del gobierno regional.

Sería una excelente manera de demostrar que sus razones no son, como en el caso de sus jefes madrileños, pura propaganda vacía de intenciones. Si en muchos lugares ni los socialistas se han atrevido a retirar esos símbolos franquistas, quizá esta buena mujer pueda por fin colocarnos en el siglo XXI.

¿O será mucho pedir?

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