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Conflicto vasco y Yihad

9 de Octubre de 2006

Portada de «La Yihad en España»Dice Mariano Rajoy, como ya ha dicho otras veces y repiten otros mandos de su partido, que no existe ese “conflicto” al que siempre se ha referido el entorno etarra y en el que ahora el gobierno de Zapatero pretende involucrar al Parlamento Europeo, con lo que vendría a colaborar en la consecución de uno de los objetivos perseguidos por los terroristas, la internacionalización de ese supuesto conflicto. El pecado, más allá de la manera de abordar el problema que cada cual defienda, estaría en aceptar el discurso etarra:

“Rajoy insistió en que el PP no aceptará nunca «lo que siempre ha pretendido ETA y nunca aceptó ningún Gobierno de España –ni Suárez ni Calvo Sotelo ni Felipe González ni José María Aznar– que es eso que se llama la internacionalización del conflicto».”

Lleva razón Rajoy en que ha sido una constante de la democracia española el no reproducir los términos ni los conceptos utilizados por los etarras para presentar o intentar justificar su violencia. Así sigue siendo, pese a lo que se se quiera afirmar en esa ceremonia de la confusión que pretende hacer pasar por rendición ante los etarras lo que es la búsqueda de vías hacia la paz. Y así debe ser, pues es táctica común del terrorismo en general, no sólo del etarra, magnificar el alcance y la extensión de los problemas tras los que escudan su opción por la violencia y el terror. Si es que existían tales problemas con anterioridad a los que el propio terrorismo genera.

Aceptada esta premisa general, aplicable al terrorismo de cualquier origen, no se entiende muy bien cómo aquellos mismos que jamás emplearían la terminología etarra (políticos, medios de comunicación, líderes sociales…) no encuentran reparos en reproducir ciertos términos que en el discurso del terrorismo de origen islamista radical han sido despojados de su significación original para dotarlos de un sentido más conveniente a los objetivos de los terroristas. Quizá el más conocido de estos términos sea yihad, traducido generalmente como “guerra santa”, sin más matices, trasladando una visión del Islam en su conjunto, de todos los musulmanes, que beneficia a la causa de ese terrorismo radical islamista.

Si no existe el “conflicto vasco” del que hablan los etarras, tampoco existe ese otro conflicto que llamaría al falso “yihad” que proclama Osama Bin Laden. Por no existir, ni siquiera existe el islamismo. Si en el caso vasco no hacemos el juego a los terroristas, ¿qué intereses recomiendan que se lo hagamos a los islamistas radicales?

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Un idioma peligroso

26 de Agosto de 2006

Raed Jarrar junto a los parlamentarios iraquíes

A la izquierda en la foto, en un encuentro en Amman con parlamentarios iraquíes, Raed Jarrar, mitad iraquí, mitad palestino, es arquitecto, blogger y un activista colaborador y director del proyecto para Irak de la organización pro derechos humanos Global Exchange.

Residente en San Francisco Bay Area desde 2005, a principios de agosto se disponía a regresar a casa desde la ciudad de Nueva York cuando fue protagonista involuntario de un curioso incidente en el aeropuerto JFK, que he conocido a través de ALT1040.

Una vez facturado su equipaje y pasados los controles de seguridad, se encontraba ya en el área de embarque cuando dos hombres se acercaron hasta él y, después de identificarse, le pidieron que les acompañara. A unos cuantos pasos de donde se encontraba, una mujer, empleada de la compañía JetBlue, con la que Raed se disponía a viajar, se unió a ellos.

Después de pedirle que mostrara algún documento de identidad y la tarjeta de embarque, le desvelaron el motivo por el que le habían abordado. La gente, le dijeron, se sentía ofendida por la camiseta que vestía -la misma que lleva en la imagen que ilustra este post-, que se puede comprar a través de Internet y lleva impreso el lema “We Will Not Be Silent” (”No nos quedaremos callados”) en las lenguas inglesa y árabe.

El problema era esto último, los caracteres en árabe:

“You can’t wear a t-shirt with Arabic script and come to an airport. It is like wearing a t-shirt that reads “I am a robber” and going to a bank.”

Ante semejante razonamiento, Jarrar preguntó, supongo que con ironía, si existía alguna ley contra los caracteres árabes. Pero la única solución que le proponían, sin atender a razón alguna, era cambiarse de camiseta. Raed apeló a sus derechos constitucionales e intentó explicar que lo escrito en árabe sólo es la traducción de la frase en inglés, además de aducir que había comprado la camiseta en Washington y que existen más de mil camisetas con el mismo eslogan impreso, también en otros idiomas -entre ellos el español-. Pero el trío de inquisidores no lo tenía tan claro:

“We can’t make sure that your t-shirt means we will not be silent, we don’t have a translator. Maybe it means something else.”

Sin un traductor, no podían estar seguros de que Raed dijera la verdad y la frase en árabe significara lo mismo que el texto en inglés. La duda que me queda -supongo que a Jarrad también- es qué podían imaginar que estuviera escrito en árabe y en qué podía eso afectar a la seguridad del vuelo. Una vez identificado el viajero y realizados todos los controles de seguridad, ¿dónde estaba el peligro? ¿En un puñado de letras árabes?

Y en cuanto a la supuesta ofensa que representaba para otros pasajeros el dichoso texto en árabe, ¿cómo se puede nadie sentir ofendido por algo que ni siquiera sabe lo que significa? ¿Sólo por estar escrito en determinada lengua o idioma? De risa, si el trasfondo del asunto no fuera tan grave.

Al final, con tal de no perder el vuelo, accedió a ponerse una camiseta que le compraron en el mismo aeropuerto. Pero aún tuvo que soportar, sin una explicación muy convincente, que le cambiaran de asiento y le mandaran al fondo del avión.

Raed termina el relato del incidente con una triste conclusión:

“It sucks to be an Arab/Muslim living in the US these days. When you go to the middle east, you are a US tax-payer destroying people’s houses with your money, and when you come back to the US, you are a suspected terrorist and plane hijacker.”

Unos días antes había sido increpado en Siria y Jordania por ser ciudadano estadounidense. De regreso a EE.UU. era maltratado por ser árabe. Situaciones ambas igual de injustas y que obedecen más a los prejuicios que a la razón, en una y otra parte del mundo.

En cuanto al eslogan de la camiseta, ha sido tomado de una célebre frase de la Sociedad de la Rosa Blanca (Die Weiße Rose), el movimiento de estudiantes alemanes para la resistencia no violenta contra el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, y puede leerse al final de una de las octavillas que distribuían:

“We will not be silent. We are your bad conscience. The White Rose will not leave you in peace!”

En Democracy Now! entrevistan a Raed Jarrar sobre este asunto.

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