Es un desenlace natural, teniendo en cuenta que su utilización se llegó a convertir en moda y se aplicaba a todo, en todos sitios, desvirtuando su sentido, si es que alguna vez lo tuvo. Y, como toda moda, ha pasado.
Perviven, cómo no, tecnologías, procesos y formatos que se quisieron englobar bajo ese término, como muestra el gráfico de Markus Angermeier. Pero muchos de ellos ya existían antes de que nadie pretendiera encontrarles acomodo dentro de ningún nuevo concepto global y revolucionario. Y han seguido su propio desarrollo de manera autónoma, sin la necesidad de ese cobijo conceptual.
En realidad, como explicaban los que primero hablaron de ella otorgándole ya esa denominación, la Web 2.0 respondía a una serie de avances técnicos que posibilitaron a los usuarios nuevas formas de interactuar en la Red. No fue ni más ni menos que eso, lenguajes y aplicaciones que abrieron nuevas posibilidades. Pura tecnología.
Bien es cierto que el papel de los usuarios en la Red cambiaría gracias a esos avances, siendo mucho más activo. Y que esto alentaría procesos de socialización y participación. Pero de ahí a que la Web 2.0 tratara de las personas y no de tecnología, como pronto empezaron a teorizar algunos, dista un abismo.
Web 2.0 es la red como plataforma, abarcando todos los dispositivos conectados; las aplicaciones de la Web 2.0 son las que posibilitan la mayoría de las ventajas intrínsecas de esta plataforma: proporcionando software como un servicio continuamente actualizado, que es mejor cuanta más gente lo utiliza, obteniendo y combinando datos de múltiples fuentes, incluidos los usuarios, mientras genera sus propios datos y servicios de manera que pueden ser combinados por otros, creando efectos de red mediante una “arquitectura de participación”, y dejando atrás la metáfora de la página web 1.0 para ofrecer experiencias de usuario enriquecidas.
Pero también, y sobre todo en lo relativo a la utilización del término, la Web 2.0 ha sido, como Schonfeld la define, la “Web moderna”. Quizá por eso, porque a todos nos gusta sentirnos muy modernos y vanguardistas, se le haya dado al término tanta vuelta teórica y tanta difusión incontrolada.
Muy bien, ya somos todos 2.0. Ahora, como también recomienda Schonfeld, déjemos ya esa historia y sigamos hacia adelante.
Un buen ejemplo es siempre un complemento perfecto para una mejor comprensión de cualquier proceso o acción. No hay nada cómo fijarse en lo que otros hacen y cómo lo hacen para descubrir cómo podemos hacerlo y -particularmente en el caso que nos ocupa- encontrar la conveniencia de hacerlo.
Digo esto último porque no todas las organizaciones y empresas tienen muy claro qué pueden sacarle al publicar blogs corporativos o tener una presencia activa en las redes sociales. Y aún de entre las que han optado por seguir esa vía tampoco todas saben hacer de esas herramientas el mejor uso.
Herramientas de futuro para una mentalidad de pasado. Una combinación poco productiva.
The Sniki Wiki Social Media Wiki
Listado de compañías y organizaciones que hacen uso de los medios sociales, así como campañas que los utilizan para conectar con los clientes.
Lo primero que pensé al tener noticia de ese proyecto que ya es una realidad y se llama Cink. fue que por fin, en este país donde tanto se teoriza y se sentencia pero tan poquito se actúa y menos se innova, alguien había pasado a la acción y proponía algo nuevo, concreto, tangible.
Lo segundo, ya desde mi experiencia profesional, es que era una gran idea. Con bastante frecuencia, más a menudo de lo que mucha gente que habita la blogosfera con asiduidad pueda creer, cualquier intento de explicar los beneficios y conveniencias de crear un blog corporativo resulta tan infructuoso como frustrante. Si eso sucede con un blog, que es algo de lo que casi todo el mundo ha oído hablar ya, ni qué decir tiene que el mencionar otras herramientas y servicios comúnmente englobados dentro de la Web 2.0 es tarea inútil que mejor ni emprender.
Por eso, el que alguien haya decidido crear lo que en analogía de Chiqui de la Fuente es “una autoescuela donde empresas e instituciones públicas aprendan a conducirse por sí mismos con soltura en esta autopista virtual” me parece algo a celebrar y que, con independencia del planteamiento empresarial que hay tras la iniciativa, sólo puede resultar socialmente beneficioso.
Eso fue, precisamente, lo que pensé en tercer lugar. Hacer negocio al tiempo que se crea valor y capacidad de progreso para la sociedad en su conjunto es algo más habitual en otros lugares, como Estados Unidos, y que siempre ha despertado mi interés. Así pues, comprobar que aquí también hay gente capaz de emprender iniciativas en ese sentido es otro motivo más para dar la bienvenida a Cink.
Lógicamente, habrá que esperar un tiempo para poder valorar con justicia y suficiente criterio el alcance real del proyecto, aún en sus inicios y sin haber revelado todo su potencial. Pero en cualquier caso, para mí al menos, sus creadores cuentan ya con un mérito que no se les podrá arrebatar: el de atreverse a correr los riesgos que todo planteamiento innovador conlleva.
Se me reía anoche Mr. Black -que sigue dándole vueltas a su egaroo- cuando le contaba la intención de escribir este post. Quizá por la forma en que se lo dije o tal vez porque le incluí en el grupo de los que aquí alabaré. O también es muy posible -y me inclino a pensar que éste fue el verdadero sentido de su risa- que sólo viniera a ser su forma de asentir para decirme que coincide en este caso con mi punto de vista.
Voy al grano. Cada vez, con relación a Internet, tengo más claro que mi interés se centra en los hechos y no tanto en los dichos, en la acción y no en la reflexión. Más claro aún, en quienes trabajan creando aplicaciones, utilidades y proyectos que nos facilitan a todos las cosas y no en aquellos que desde la inacción critican y diseccionan el trabajo ajeno.
Y no porque la crítica no sea necesaria y productiva. Siempre lo es. Sino porque vengo advirtiendo ya desde hace tiempo que tanta solemne teoría responde en muchos casos -que siempre hay sus lógicas excepciones- más al afán de protagonismo del vanidoso teórico de turno que a la mínima objetividad necesaria para que la critica devenga en herramienta imprescindible dentro del proceso creador.
Como usuario de Internet de poco me sirven, por lo habitual, las reflexiones y sentencias de esos teóricos. No me interesa recordar dónde estábamos hace diez años ni me aporta nada su opinión sobre dónde estaremos dentro de otros diez o hacia dónde deberíamos dirigirnos y qué caminos habríamos de tomar.
El verdadero avance de Internet está en la acción, en el trabajo. No sólo en el de las que ya son grandes empresas de servicios online o el de los emprendedores individuales, que es evidente, sino también en el de la infinidad de usuarios que de forma prácticamente anónima colaboran en el desarrollo de esas aplicaciones de software libre y colaborativo o participan en proyectos abiertos.
Éstas son, a mi juicio, las iniciativas que alientan principalmente ese avance, por cuanto alimentan el espíritu de trabajo y participación de la gente, consiguiendo que una multitud de individualidades se una en un mismo esfuerzo que además de un provecho común implica también un progreso.
Que el resultado de ese esfuerzo de unos y otros se quiera etiquetar poniéndole puntos y ceros delante o detrás y hasta se generen sesudos debates sobre ello puede que quede muy aparente, pero es empeño baldío. Al menos para la inmensa mayoría de usuarios que cuando se conectan a Internet lo que agradecen es poder usar las aplicaciones o disfrutar de los proyectos y no la genialidad o desacierto de quienes los juzgan y etiquetan con salomónica gravedad.
Para quien puede que sí valga la pena el esfuerzo es para los teóricos más avispados que consiguen que su nombre sea más conocido y recordado que el de los creadores y colaboradores en el desarrollo de aplicaciones y proyectos. Quizá eso, en el fondo, sea lo único que persiguen.
Y es por eso, también, por lo que cada vez me interesan menos sus elucubraciones y admiro más a los que realizan el trabajo objeto de su crítica.
Estos últimos sí que son los verdaderos héroes de la Red.
Y por echar un rato con tanto amiguete como se reunió. Aunque seguro que en alguno de esos lapsos perdidos en que me quedo con la mirada sin rumbo, absorto con la nada, mi espíritu anduvo revoloteando por allí.
De las fotos que sobre el evento he visto (1, 2), me quedo con esta imagen tomada por el afable y dicharachero reportero Oscar Espiritusanto -bien es verdad que es mi idolatrado boss en esa aventura de periodismociudadano.com, pero juro que esto no es un ejercicio de peloteo-.
La razón, que me sugiere diferentes reflexiones o interpretaciones, todas ellas harto interesantes y motivadoras.
Aunque no las desvelaré. Si lo desean, cavilen ustedes las suyas. Quizá hasta coincidamos.
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